viernes, 4 de marzo de 2011

TEOLOGÍA PLATÓNICA (V PARTE)


El Demiurgo de Platón, un dios ordenador

Papiro Oxyrhynchus con fragmento de República - wikimedia commons
Papiro Oxyrhynchus con fragmento de República -wikimedia commons
Un mito de creación en Platón aparece en el Timeo con el Demiurgo, el Divino Artesano que no crea desde la nada sino que ordena el universo. Mito y logos.
Antes de introducirnos de lleno en el Timeo, en el que se encuentra un mito de creación, es necesario puntualizar que para Platón, “mito” está en contradicción con “logos”; es “historia” en oposición del discurrir conceptual.
El mito es “pseudo”, pero con un contenido de verdad y una relación con los orígenes (Político, 271 a), es engaño mezclado con verdad (República, 377 a), pues la verdad pura es del dios: que “además son sin mentira (sin engaño) Ia demónico y lo divino” (República, 382 e).
El mito es, asimismo, polisémico, con sentido abierto. Hegel ve en el mito platónico algo perteneciente a la pedagogía de la especie humana, que ya no necesita del concepto cuando se ha desarrollado.
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“Modo peculiar de realidad”, anota Ernst Cassiser en Filosofía de las Formas Simbólicas, la experiencia mítica no es pura imaginación o fantasía.
El mitologema (la narración mítica) es un ’saber inmediato”, espontáneo acerca de las casas, los eventos, los fenómenos de una situación pre-conciente (...). Lo mítico, lo específicamente mítico, no es histórico”.

El mito en la cultura griega clásica

“El mito domina la vida griega como “una potencia ingente (...) Ilumina toda la contemporaneidad griega hasta las últimos tiempos (...) En el Timeo de Platón (parágrafo 22 b), el viejo sacerdote de Sais dice a Solón: “Vosotros los helenos, sois eternos muchachos, no ha habido ningún viejo entre vosotros, todos sois jóvenes de alma, porque no poseéis ningún testimonio primitivo...”.
“Es completamente exacto que los griegos, en lugar de conocimientos y de ciencia aprehendidos en Io que sobresalían las egipcios, gozaron como ningún otro pueblo, de la vida real de los primeros tiempos”.
Paul Friedlander señala que Platón introduce los mitos en los diálogos tardíos o medios, luego de haber recorrido el camino dialéctico. En el Timeo, lo mítico llena el espacio.
El singular mito de creación “toma en sí mismo el contenido de la vieja filosofía de la Naturaleza....Le sirvieron de ayuda (...) Parménides y Heráclito; y en la delimitación entre ser y seres, tal como deberían representarse según el desarrollo del ‘eidos’, le enseñó Pitágoras a considerar el Universo como un sistema de orden matemático y a introducir en ese Cosmos a la Humanidad Urbanizada”.

El Timeo: una concepción cosmológica

En el Timeo, Platón expone una cosmología recurriendo a un mito de creación. En el centro de esa cosmología está el Demiurgo, preanunciado en la República (507 c 6) al hablar del “artífice de los sentidos” y en el mito del Político (269 c- 273 d y ss.).
Establecida y reinando Ia Idea de Bien, faltaba presentar de manera plena el aspecto dinámico de la divinidad: el “divino artesano” o Demiurgo o Hacedor, del que se predica inteligencia, eternidad, providencia.
Ya en el Sofista, los dioses intervienen en las discusiones filosóficas.
Siguen siendo las Formas, la realidad suprema, pero se da una convivencia entre dioses y Formas que hasta entonces se habían ignorado (con excepción del mito del Fedro).
El Demiurgo, Divino ArtesanoPadre del Universo
¿Qué es? ¿Qué representa el Demiurgo? Aquí difieren las interpretaciones en torno al significado y al status ontológico del dios Artesano.
En relación aI tema que compete a esta nota, no hay base textual para identificar al Demiurgo con el Dios del monoteísmo judeo-cristiano, como sí lo hace Taylor.
Aunque al Artesano se le llama “padre” del Universo (Timeo, 28 c; 37 c), no es más que una metáfora que, según Goldschmidt “presenta dos significaciones: apIicada a la Forma o al Demiurgo, indica la causalidad formal ejercida por el modelo sobre la materia; aplicada al espíritu cognoscente (Banquete, 212 a; República, VI, 490 a), marca la transparencia del alma respecto a las Formas: el alma, en contacto con lo real, engendra conocimiento y acciones “conformes”.
Tampoco ese “padre” presenta los atributos del Dios monoteísta de las grandes religiones: su creación del mundo no es creación en sentido estricto, sino ordenamiento (Timeo, 27 d; 30 b; 51 c).


Ordenar el cosmos según el Modelo es la función del Demiurgo


El Artesano no crea ex-nihilo; toma “esta masa visible, exenta de todo reposo, moviéndose sin medida y sin orden, para conducirla del desorden al orden, pues ha estimado que el orden vale mucho más” (Timeo, 30 a).
Por ello modela el mundo a semejanza del Modelo (Timeo, 30 a) o “Viviente Absoluto” (Timeo, 31 b), el paradigma eterno. Pero el universo no tiene iniciación en el tiempo ni fin, por lo que no vale referirse a autentica creación.
La concepción del dios creador, coma concepción metafísica básica ingresa con la filosofía cristiana, identificando al Dios de la Revelación con el Dios primer principio de la filosofía.
El Demiurgo no es el primer principio del sistema platónico -como sí lo es la Idea de Bien, aunque ésta, tal como se argumentara en líneas anteriores tampoco puede asimilarse al Dios del monoteísmo -porque está limitado por materia y por las Formas, con lo que pierde su atributo de omnipotencia, que sólo es predicable de la Idea de Bien.
El Artesano es, insistimos, un ordenador, un exponente mítico de la creación, pero no un verdadero creador.
Es causa “porque todo lo que comienza a existir se debe necesariamente a alguna causa (motora). Nadie puede comenzar a existir sin una causa...” (Timeo, 28 a). Y símbolo de esa función de causación inteligente y ordenadora en el universo.
Es causa en el ámbito del devenir (Timeo, 29 d y 29 c), aunque ontológicamente por debajo de las Ideas. El Demiurgo sería el equivalente mítico del nous, el conocimiento intuitivo de las cosas.
Para concluir, citamos al helenista León Robin: “Lo que distingue radicalmente (al Demiurgo platónico del Dios nuestro) es que ni su entendimiento ni su voluntad son presididos por su naturaleza misma y por sus perfecciones, sino por la perfección de un modelo que se le impone (...): el viviente o inteligible en sí….”.



Leer más en Suite101: El Demiurgo de Platón, un dios ordenador http://www.suite101.net/content/el-demiurgo-de-platon-un-dios-ordenador-a29844#ixzz1Fe9uyS5K

TEOLOGIA PLATÓNICA (VI PARTE)


Dios como medida del cosmos en el platonismo

Platón. Séneca. Aristóteles. - wikimedia commons
Platón. Séneca. Aristóteles. -wikimedia commons
Con "Las Leyes", la construcción teológica de Platón culmina en teodicea. El dios de la filosofía y el dios del monoteísmo.
Con las Leyes, la construcción teológica de Platón cobra forma como teodicea, la justificación racional de lo divino. El Estado ideal, el Estado justo deberá estar fundado en el ejercicio del servicio a la divinidad y en función de ello es esencial tener opiniones correctas sobre los dioses.
El discurrir intelectual de la divinidad apunta a demostrar la existencia, providencia y la incorruptibilidad de dios y los dioses (Leyes, X 886, 889, 891, 892, 894, 895),(899, 901, 902) y (905, 906).
“Dios es la medida de todas las cosas” (Leyes, 716 c) es la reafirmación de un teocentrismo frente al relativismo de Protágoras y se expresa como Ley y como medida (métron).
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En la religión olímpica los dioses viven conforme a una medida; los hombres, conforme a la medida de los dioses que son “la medida de todas las cosas” (humanas).
La vertiente religiosa se profundiza hacia la culminación de la vida del filósofo, prolongando la escatología de la República.

Un nuevo componente: la religión astral

Pero un nuevo componente viene a agregarse a la teología platónica y es la igualación de los dioses con las almas de los cuerpos astrales tal vez -arriesgan algunos autores, Gómez Robledo entre ellos- por influencia de la religión astral presente en la religión helénica.
Tal vez ello se deba a una “consecuencia natural de la creencia de Platón de que sólo el alma puede originar movimiento”.
En las Leyes y en el Epínomis, como en todo el cuerpo platónico, es una constante referirse a la divinidad en singular y en plural, el “dios” y los “dioses”.
Sin embargo, están ausentes los nombres divinos: Bien o Demiurgo.

Algunas conclusiones provisorias sobre la teología platónica

El problema del par monoteísmo-politeísmo en la teología platónica es irresoluble.
Se encuentra un politeísmo explicitado, jerárquicamente organizado, aunque también una fuerte tendencia hacia un principio divino único personificado -Demiurgo- o la intangible Idea de Bien.
Lo que está claro en Platón es que la explicación última de la realidad no debe buscarse en lo que es engendrado, sino en “lo que es”, es decir, en la Idea, inteligible, inmaterial, necesaria y eterna.
Los dioses son la herencia del arraigado politeísmo de la mentalidad griega que Platón no desterró, aunque sí purificó de los caracteres concebidos par el culto tradicional.
Ellos representan actividad y vida, son justificables racionalmente, se someten a un orden, a un modelo que está -desde el punto de vista ontológico- por encima de ellos.

La diferencia entre el Dios de la tradición judeo-cristiana y el dios filosófico

Desde una perspectiva cristiana, a la Idea de Bien le falta la nota de personalidad para que se complete una adecuación al Dios de la tradición judeo-cristiana.
Al Demiurgo, según esta cosmovisión, le falta el atributo de creador.
Empero, escapaba al filósofo concebir categorías que se formularían en siglos venideros, en otro contexto histórico-cultural y por ende, lingüístico y mental.
Si el único lugar de Dios y los dioses en Platón está únicamente en su sistema filosófico es aventurado afirmarlo.
Como hemos visto, la religión tradicional tenía una fuerte carga en su teología; sin embargo, funda la existencia y providencia de Ia divinidad en un acto de reflexión.
El dios y los dioses platónicos bien podrían ser llamados “el dios de los filósofos”, de acuerdo a la célebre distinción de Blas Pascal, con un lugar determinado en un sistema de pensamiento.
No tienen, Dios y los dioses, un carácter existencial -como entendemos hoy el término “existencial”-, aunque prefiguraron grandes rasgos del Dios de la metafísica neoplatónica, cuyo mayor exponente es Plotino,


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miércoles, 2 de marzo de 2011

ABDICACIÓN - POEMA DE FERNANDO PESSOA


Abdicación 



Tómame, oh noche eterna, en tus brazos
y llámame hijo.
Yo soy un rey
que voluntariamente abandoné
mi trono de ensueños y cansancios.

Mi espada, pesada en brazos flojos,
a manos viriles y calmas entregué;
y mi cetro y corona ? yo los dejé
en la antecámara, hechos pedazos.

Mi cota de malla, tan inútil,
mis espuelas, de un tintineo tan fútil,
las dejé por la fría escalinata.

Desvestí la realeza, cuerpo y alma,
y regresé a la noche antigua y serena
como el paisaje al morir el día.


                                                                          Fernando Pessoa