jueves, 30 de abril de 2015

TEOLOGÍA PLATÓNICA - POR MARCELO SPERANZA

TEOLOGIA PLATONICA. DIOS Y LOS DIOSES. UNIDAD Y PLURALIDAD DEL PRINCIPIO DIVINO.

IN MEMORIAM DEL PROF. FRANCISCO JOSÉ OLIVIERI


LA IDEA DE DIOS

Un millón de años de presencia humana sobre la Tierra, sólo seis mil del fenómeno llamado civilizatorio, hacen que las civilizaciones puedan ser vistas como contemporáneas entre sí, concluye Arnold Toynbee. Sin embargo, desde la Modernidad, todo cuanto no se puede explicar desde la lógica racionalista etnocéntrica, cae bajo el signo de oscurantismo.
El hombre comenzó a sentirse como tal, cuando comenzó a buscar un "completamente Otro" . Antes era solo una entidad biológica. El descubrimiento de un alma, la búsqueda de un sentido, llevó al homínido a recrearse como una nueva especie.
Una nueva fundación se produce con el surgimiento de la idea de Dios y su relación con ese "Absoluto", tan relacionada con nuestra estructura mental que no concibe efecto sin causa.
Días y noches, soles y lunes, estrellas y eclipses, tormentas y sequías, erupciones y terremotos, existencia a la intemperie. Un cosmos vivo. ¿Cómo no adjudicarle una voluntad, una inteligencia, un alma? Sobre esta pregunta surgió la idea y la relación con Dios.
La religión es el preludio de la civilización, el primer síntoma del fenómeno civilizatorio, el primer planteo ante el drama histórico, toma de conciencia de la singularidad del hombre y de su lugar en el cosmos.

Idea de Dios y religión

Pero la mera idea de un Dios, entendido como causa del origen del cosmos, no es una religión. La idea de Dios es búsqueda metafísica, especulación teorética, ensayo, conjetura, inquietud de conocimiento. Su objeto es el Dios-Idea.
El campo de estudio de ese objeto es la filosofía como "ciencia de lo radical" (Husserl), de la "perplejidad sin remedio" -según las palabras de Jacques Maritain- o un perpetuo regresar a los mismos temas. Y dentro de ella, la metafísica, de la que la teología natural es una rama.
El dios de la religión es el de la experiencia numinosa al que se refiere Rudolf Otto en Das Heilige.
El que surge del sentimiento de culpa, de reparación, del temor a lo "radicalmente Otro". Religión que es acción compensatoria y expiatoria de la violencia contra la unidad y la preservación de la vida. Y de alguna forma, también nostalgia de la vida vegetativa.

La teología de Platón

De la concepción de Platón sobre Dios, se pude afirmar que hay una fuerte tendencia al monoteísmo, aunque del principio divino de Platón no se puede asegurar en forma rotunda que exista un solo Dios.
No desconociendo que la teología platónica no está considerada por la comunidad académica de los estudios sobre el filosofo como uno de los grandes temas del corpus platonicum y sabiendo que la metafísica como ciencia no puede formalizarse como tal, aunque sí como tendencia natural del espíritu humano ("metaphysica naturalis", Kant), en las líneas que siguen se relacionan algunas nociones platónicas acerca de "lo divino", uno de los momentos luminosos de la filosofía occidental.
Hablar del interés que ofrece el tema es hablar del valor que se le otorga a la cuestión, y sobre ello el mutismo cae una espesa niebla, sobre todo en esta época, en la que Dios como problema filosófico aparece eclipsado. No hace falta decir que la obra de Platón brilla con luz propia y que mucho se ha escrito sobre la teología del griego, queriéndola asimilar a la teología cristiana o atacando esta subordinación indebida.

El lugar de la teología platónica

“Si toda gran filosofía nos muestra que la verdad cogitativa significa hacer del absoluto un objeto del cual deber derivar todos los objetos”, explica Martín Buber en Eclipse de Dios, no hay dudas que la teología platónica es un aspecto de una de una gran filosofía.
Ahora bien. Si es cierto que es dable de calificar de “gran filosofía” al sistema de Platón, es inexacto hablar de derivación como sinónimo de deducción de un absoluto. Sí existe un absoluto en Platón: las Ideas y centralmente la Idea de Bien, gobernante delreino de las Ideas (o reino eidético).
El objeto del pensamiento visual u óptico de los griegos es “lo universal como existencia o como realidad superior a la existencia”. Pero de allí a sostener que se deriven de él los demás objetos, es forzar el sistema platónico: “jamás el platonismo auténtico ofrece el lujo de partir de algún principio del cual pueda deducir todo el resto”, sostiene Víctor Goldschmidt en Platonisme et pensée contemporaraine.
En Platón encontramos una metafísica en sí, cuando encuentra el fundamento último en las Formas (o Ideas) como entes, y una metafísica como teología -teología metafísica o natural- cuando dirige su mirada hacia lo divino.
La teología platónica está axiológica y ontológicamente por debajo de su metafísica propiamente dicha. El fundamento primordial, el absoluto, el sostén de lo existente, es la Idea de Bien. Por eso se podrá afirmar que la metafísica en Platón también es ontología: reduce el Bien al Ser como ser en general.  El Bien es el Ser verdadero, lo que los entes tienen en común. Las formas en que ha sido presentado el absoluto en Platón -como metafísica propiamente dicha, como teología natural y como ontología- son difíciles de delimitar. Las fronteras entre estas categorías se diluyen o yuxtaponen. 
El criterio utilizado es el del notable Nicolai Hartmann en su obra Ontología, para distinguir entre ser y ente.

LA COMPLEJIDAD DE LA TEOLOGIA PLATÓNICA

En el camino de la reflexión racional sobre la naturaleza misma de la realidad (lo divino), tres fueron las actitudes de los filósofos griegos clásicos en relación al culto tradicional: una, confrontativa –Jenófanes y Heráclito-; otra, conciliadora; la última, de índole teleológica (dirigida a los fines): un nuevo intento de conciliación con raíces jónicas, arcaicas y homéricas.
Olof Gigon ubica a la teología platónica en esta dirección, aún admitiendo que es muy difícil separar los elementos filosóficos de los religiosos y míticos en el pensamiento del Platón sobre la divinidad. 
¿Tenía la teología platónica un doble carácter, filosófico y religioso? ¿O lo religioso alimenta, conduce y explica su noción filosófica de dios?
Una de las líneas explicativas nos hace retroceder a los presocráticos. 
El principio primero de la realidad visto desde la filosofía no era el mismo que el de la religión.
En los primeros filósofos, lo divino estaba subordinado al orden universal comprensible.
En Platón, el principio divino son los dioses o el dios; el filosófico, las Ideas. Podría hablarse de la permanencia de esta duplicidad a lo largo de sus obras.
Lo que complejiza el acercamiento a la TP es el hecho que no mantuvo rasgos o caracteres unívocos a lo largo del tiempo. El pensamiento teológico de Platón reconoce varias etapas.
Siguiendo a Grube, se puede calificar a los primeros diálogos como la etapa convencional de la teología platónica.
El segundo momento se inicia con la República. 
Un punto de inflexión es la introducción de la figura del Demiurgo en el Timeo. Finalmente en las Leyes deja cristalizada su concepción de la divinidad.
Esto se desarrollará en los párrafos que siguen, pero es importante dejar planteado un interrogante, que, sabemos de antemano, no tendrá una respuesta única: ¿por qué Platón no se desprendió totalmente de la idea mítica de Dios y no  marchó decididamente hacia una noción de un dios depurado de los rasgos de la tradición? ¿Es acaso la teología platónica un retroceso frente el Dios único de Jenófanes?
La conjetura es que la actitud filosófica de Platón conlleva una fuerte carga de la religión tradicional de los griegos. Y cuando se habla de religión se hace referencia a la experiencia básica de la re-ligación: el temor a Dios, el encuentro con lo sagrado como Ser situado frente a un yo, como contacto mutuo entre una existencia activa y otra, el pacto de lo absoluto con lo concreto.
Cuando Timeo proclama “con un sentimiento bien acusado de profundo temor reverencial, que es toda una hazaña descubrir al Hacedor y Padre de este universo y que es imposible, una vez que se le ha descubierto, divulgarlo a todos”, ¿no está dando signos de esa experiencia ante el mysterium fascinans de lo numinoso? ¿No es la dialéctica, acaso, una purificación, una ascética del alma, un itinerario espiritual?
Para Grube, el problema de lo divino en Platón está presentado desde las primeras obras. 
En el Eutifrón, cuando Sócrates exige la definición de lo justo (10a), se coloca en un punto de vista del que nunca se apartó: el universo no está gobernado por la voluntad divina; los dioses se someten a lo justo, por lo tanto, no son omnipotentes. Hay valores absolutos por encima de ellos.
Gigon, por su parte, piensa que lo divino está ausente de los primeros diálogos. Para este estudioso, en el Eutifrón, “lo teológico no es más que un material sobre el cual se quieren aclarar determinados hechos lógicos y ontológicos”. Sostiene que esta actitud persiste en los grandes diálogos, donde la cuestión “permanece por lo general, en una semioscuridad particular”.
En el apogeo de la producción platónica, cuyo emergente es la República, se encuentran, según el  autor citado, uno de los tres  complejos esenciales de la teología platónica (los otros hay que buscarlos en las Leyes y el Timeo).
En las “directivas teológicas” a los poetas, se afirma que dios es bueno y que en consecuencia sólo puede ser origen de los bueno (Rep. II, 379) y que siendo dios es simple e inalterable, no puede presentarse en formas extrañas (Rep. II, 381). 
En la primera de ellas, acerca de la divinidad de Bien, se encuentra “el concepto central de la ontología platónica”. La segunda, es la negación de  la epifanía.
Detengamos en la República. Aquí se plantean dos atributos de la divinidad: la perfección y la inmutabilidad (Rep. II, 19-20; 380-1). Unas líneas antes (378, d) el filósofo ataca los efectos perjudiciales de la narración inmoral que hacen los poetas acerca de los dioses.

Los dioses olímpicos

Se podría sostener que Platón no negaba el significado profundo de la divinidad. 
Platón “atacaba la concepción popular de los dioses, más que a los dioses mismos”. Por otro lado, negaba la racionalización de los mitos, es decir, la explicación naturalista de los relatos míticos (Fedro, 229 c), lo que conduce a una contradicción con lo expuesto en Rep., 378 d. 
De acuerdo con Grube, “la contradicción es más aparente que real, Sócrates podía muy bien rechazar tales leyendas y a la vez juzgar que la racionalización ingeniosa de las mismas constituía una pérdida de tiempo”.
El acceso -si bien depurado- de los olímpicos a su sistema, junto a los dioses del Estado, lo démones, los dioses privados o ancestrales y los semidioses o héroes divinizados, constituyó el rico legado de la mitología griega. De allí el lugar que ocupan  los mitos en la teología platónica.
“Inmortal -expresa W. Otto en los “Los dioses de Grecia”- es la virtud principal que los distingue de los hombres; y el mito puede ofrecernos relatos de hombres que mediante el otorgamiento de la inmortalidad han llegado a lo sobrehumano. Pero la idea del ser divino no se sustenta en el concepto de que un hombre por medio de la elevación y la prolongación pueda convertirse en Dios. Lo esencial, como en todas las religiones, no se explicita”.
Somera y esquemáticamente la actitud de Platón frente a los dioses olímpicos era la siguiente:

a) No discute sobre ellos.
b) Rechaza las narraciones trasmitidas por la concepción popular.
c) Cuando los utiliza en los mitos, representan algo real para él.
d) Rechaza la racionalización de los mitos.

Una pregunta que los estudiosos de su obra se han formulado a través del tiempo, es si temía ser acusado de impiedad como su maestro Sócrates o su utilizaba “moldes viejos” para expresar ideas y concepciones nuevas de la divinidad. Wilamowitz, por ejemplo, señala la falta de interés por el culto y el rito en Platón.
De lo que podemos estar contestes es que para Platón existen fuerzas superiores al hombre, inmortales, activas: lo que el pensamiento griego llama dioses, identificando, de acuerdo con la terminología de Grube, el aspecto dinámico del concepto de Dios (creador, eslabón de la cadena de causación, fuerza activa) con su aspecto estático (la forma más elevada del Ser).

Entender lo que la tradición griega comprendía por Dios, es recordar que:
1) Es una noción que se predica de algo.
2) Lo predicado es un sustantivo.
3) El sustantivo es usado en forma imprecisa. No hay un equivalente entre el eoos y el término “Dios” que empleamos.

Dios y la Idea del Bien

Origen del ser del mundo de las Ideas, principio explicativo del reino eidético (Rep. 517 trad. Jowett), la realidad misma, el Bien ha sido en numerosos autores (Festugiére, Diés, Jaeger, Renouvier, P. E. Moore, entre otros) asimilado a la idea del dios personal del monoteísmo.
En relación a este punto, cabe consignar que Platón nunca llama “dioses” a las Formas, a excepción del pasaje en el Timeo (37c). 
“Debe ser lícito” -afirma Gilson- “sugerir que si Platón nunca dijo que la Idea del Bien fuera dios, la razón de ello pudo ser que nunca pensó en ella como dios. ¿Y por qué, después de todo, podría ser una Idea considerada como dios? Las Ideas no son personas; ni siquiera almas; cuando más, son causas inteligibles y tienen, por tanto, mucho más de cosas que de personas”.
En cambio, Festugière –citado por Gilson- sostiene que la idea de Bien “es la más divina de todo lo divino”, encontrando apoyatura a esta interpretaciòn en Rep., 517 b y 508 b-509 c, Fedón, 75 d-e, Parménides, 130 b y ss. y Filebo, 15 a.
“En el Fedro, 247”  -continuando la cita de Gilson, describe Platón  “la esencia intangible, visible sólo para mente” (traducción de Jowett, I, 252) y considera a la Justicia, la Templanza y al Conocimiento como objetos celestiales de contemplación para la “divina Inteligencia”; sólo aquí la denominación de divina y ni siquiera a sus objetos se los llama dioses”.
Los autores que identifican Idea del Bien=Dios, infieren que siendo las Ideas, divinas y lo más perfecto, y la Idea de Bien, la más alta; ésta ha de ser el Supremo Dios. En general, leen a Platón desde una perspectiva cristiana.
Sintetizando, las Ideas son universales, esencias, naturalezas.
Dios es un ser bueno, pero no la Bondad.
Hay que resaltar un pasaje de la República (597 b y ss), donde el filósofo habla del dios creador de Formas (ejemplo del carpintero y la cama). ¿Encontramos aquí una “anomalía” en el sistema?
Trascribimos un párrafo de Grube al respecto.
“Si tenemos en cuenta el carácter mítico de los dioses en la República, que no son mencionados en absoluto en las discusiones acerca de la teoría de las Formas, y que, además, las Formas nunca fueron creadas, resulta fácil comprobar que no se debe dar ninguna importancia a esta aparición única del dios como creador de Ideas, que estaría en flagrante contradicción con todas las explicaciones de sus relaciones mutuas tal como aparecen en los demás sitios”.
Roos basa Ia confusión entre Dios y la Idea de Bien en un pasaje del Sofista (248 c-249 c), en el que  se ha creído que Platón asigna a las Ideas “movimiento, vida, alma y razón”. Para este autor los neoplatónicos hicieron hincapié en este pasaje debido a una mala interpretación del mismo.
“Autor”, “padre”, “señor”, “fuente”, “fuerza” , (Rep. , 517 trad. de Jowett) ¿no es esta Ia noción, a primera vista, del dios cristiano, creador, incondicionado, absoluto, suma de todas las perfecciones  posibles, pura eticidad?
Así  lo creyeron los intelectuales romanos de los siglos II y III d.C., no cristianas y cristianos. 
La Forma del Bien está “aún más allá de la esencia” (Rep., 509 b-fin); es aprehendida “en sí” (Sofista, 255 d—e, 253 b, 254 b); el Bien “es decir la obligatorio, religa y contiene todo” (Fedón, 97 c, 99 c); es “el perfectamente ser” (Sofista, 248 e), el principia an-hipotético (Rep., 511 b). 
Se reitera: ¿no se aproxima esta concepción a la del monoteísmo cristiano en su trascendentalismo? Dios (en singular, Rep., 379 b y 381 b-c) es, además, bueno e inmutable.
Por su parte, Burnet “opina que lo qua Platón dice de la Idea de Bien fue un modo de secundar lo más posible a Euclides (de Mégara) sin aceptar su monismo, opinión inverificable pero no improbable”.

EL  DEMIURGO: DIOS ORDENADOR, NO CREADOR 
El mito en Platón

Antes de introducirnos de lleno en el Timeo, en el que se encuentra un mito de creación, es necesario puntualizar que para Platón, “mito” está en contradicción con “logos”; es “historia” en oposición del discurrir conceptual26. El mito es “pseudo”, pero con un contenido de verdad y una relación con los orígenes (Político, 271 a), es engaño mezclado con verdad (Rep. , 377 a), pues la verdad pura es del dios: que “además son sin mentira (sin engaño) Ia demónico y lo divino” (Rep. ,382 e).
El mito es, asimismo, polisémico, con sentido abierto. Hegel ve en el mito platónico algo perteneciente a la pedagogla de la especie humana, que ya no necesita del concepto cuando se ha desarrollado.
“Modo peculiar de realidad”, anota Ernst Cassiser en Filosofía de las Formas Simbólicas, la experiencia mítica no es pura imaginación o fantasia. El mitologema (la narración mítica) es un ’saber inmediato”, espontáneo acerca de las casas, los eventos, los fenómenos de una situación pre-conciente (...) Lo mítico, lo específicamente mítico, no es histórico”
“El mito domina la vida griega como “una potencia ingente (...) Ilumina toda la contemporaneidad griega hasta las últimos tiempos (...) En el Timeo de Platón (parágrafo 22 b), el viejo sacerdote de Sais dice a Solón: “Vosotros los helenos, sois eternos muchachos, no ha habido ningún viejo  entre vosotros, todos  sois jóvenes de alma, porque no poseis ningún testimonio primitivo...”. 
“Es completamente exacto que los griegos., en lugar de conocimientos y de ciencia aprehendidos en Io que sobresalían las egipcios, gozaron como ningún otro pueblo, de la vida real de los primeros tiempos”.
Paul Friedlander señala que Platón introduce los mitos en los diálogos tardíos o medios, luego de haber recorrido el camino dialéctico. En el Timeo, lo mítico llena el espacio. El singular mito de creación “toma en sí mismo el contenido de la vieja filosofía de la Naturaleza....Le sirvieron de ayuda (...) Parménides y Heráclito; y en la delimitación entre ser y seres, tal como deberían representarse según el desarrollo del ‘eidos’, le enseño Pitágoras a considerar el Universo como un sistema de orden matemático y a introducir en ese Cosmos a la Humanidad Urbanizada”. 

El Timeo

En el Timeo, Platón expone una cosmología recurriendo a un mito de creación. En el centro de esa cosmología está el Demiurgo, preanunciado en la República (507 c 6) al hablar del “artífice de los sentidos” y en el mito del Político (269 c—273 d y ss.). 
Estabiecida y reinando Ia Idea de Bien, faltaba presentar de manera plena el aspecto dinámico de la divinidad: el “divino artesano” o demiurgo o Hacedor, del que se predica inteligencia, eternidad, providencia.  
Ya en el Sofista, los dioses intervienen en las discusiones filosóficas. Siguen siendo las Formas, la  realidad suprema, pero se da una convivencia entre dioses y Formas que hasta entonces se habían ignorado (con excepción del mito del Fedro). / /
¿Qué es? ¿Qué representa el Demiurgo? Aquí difieren las interpretaciones en torno al significado y al status ontológico del dios Artesano.
En relación aI tema que compete a esta nota, no hay base textual para identificar al Demiurgo con el Dios del monoteísmo judeo-cristiano, como sí lo hace Taylor. Aunque al Artesano se la llama “padre” del Universo (Timeo, 28 c; 37 c), no as más qua una metáfora que, según Goldschmidt “presenta dos significaciones: apIicada a la Forma o al Demiurgo, indica la causalidad formal ejercida por el modelo sobre la materia; aplicada al espíritu tu cognoscente (Banquete 212 a; Rep., VI, 490 a), marca la transparencia del alma respecto a las Formas: el alma, en contacto con lo real, engendra conocimien y acciones “conformes”. 
Tampoco. ese “padre” presenta  los atributos del Dios monoteísta de las grandes religiones: su creación del mundo no es creación en sentido estricto, sino ordenación (Timeo, 27 d; 30 b; 51 c). 
El Artesano no crea ex-nihilo;  toma “esta masa visible, exenta de todo reposo, moviéndose sin medida y sin orden, para conducirla del desorden al orden, pues ha estimado que el orden vale mucho más” (Timeo, 30 a). 
Por ello modela el mundo a semejanza del Modelo (Timeo, 30 a) o “Viviente Absoluto” (Timeo,  31 b), el paradigma eterno. Pero el universo no tiene iniciación en el tiempo ni fin, por lo que no vale referirse a autentica creación.
 La concepción del dios creador, coma concepción metafísica básica ingresa con la filosofía cristiana, identificando al Dios de la Revelación con el Dios primer principio de la filosofía. 
El Demiurgo no es el primer principio del sistema platónico -como sí lo es la Idea de Bien, aunque ésta, tal como se argumentara en líneas anteriores tampoco puede asimilarse al Dios del monoteísmo - porque está limitado por materia y por las Formas, con lo que pierde su atributo de omnipotencia, que sólo es predicable de la Idea de Bien.
El Artesano es, insistimos, un ordenador, un exponente mítico de la creación, pero no un verdadero creador. 
Es causa “porque todo lo que comienza a existir se debe necesariamente a alguna causa (motora). Nadie puede cornenzar a existir sin una causa...” (Timeo, 28 a). Y símbolo de esa función de causación inteligente y ordenadora en el universo. 
Es causa en el ámbito del devenir (Timeo, 29 d y 29 c), pero causa primera inteligente, ontológicamente por debajo de las Ideas, equivalente mítico del nous.
Para concluir, citamos al helenista León Robin: “Lo que distingue radicalmente (al Demiurgo  platónico del Dios nuestro) es que ni su entendimiento ni su voluntad son presididos por su naturaleza misma y por sus perfecciones, sino por la perfección de un modelo que se le impone (...): el viviente o inteligible en sí….”

LAS LEYES: TEODICEA Y DIOS COMO MEDIDA

Con las Leyes, la construcción teológica de Platón se convierte en teodicea. El Estado justo deberá estar fundado en el ejercicio del servicio a la divinidad y en función de ello es esencial tener opiniones correctas sobre los dioses. La justificación racional de lo divino que es la teodicea, apunta a demostrar la existencia, providencia y la incorruptibilidad de dios y los dioses (Leyes, X 886, 889, 891, 892, 894, 895),(899, 901, 902) y (905, 906).
“Dios es la medida de todas las cosas” (716 c) es la reafirmación de un teocentrismo frente al relativismo de Protágoras y se expresa como Ley, como medida (métron). En la religión olímpica los dioses viven conforme a una medida; los hombres, conforme a la medida de los dioses que son “la medida de todas las cosas” (humanas). 
La vertiente religiosa se profundiza en la culminación de la vida del filósofo, prolongando la escatología de la República. Pero un nuevo componente viene a agregarse a la teología platónica y es la igualación de los dioses con las almas de los cuerpos astrales, tal vez, arriesgan algunos autores, Gómez Robledo entre ellos- por influencia de la religión astral presente en la religión  helénica. Tal vez “consecuencias natural de la creencia de Platón de que sólo el alma puede originar movimiento”. 
En las Leyes y en el Epínomis, como en todo el corpus platonicum, es una constante, referirse a la divinidad en singular y en plural, “dios” y “dioses”. 
Sin embargo, están ausentes los nombres divinos: Bien o Demiurgo.
  
CONCLUSIONES

El problema del monoteísmo-politeísmo en la teología platónica es irresoluble. Se encuentra un politeísmo explicitado, jerárquicamente organizado, aunque también una fuerte tendencia hacia un principio divino único personificado -Demiurgo- o intangible -Idea de Bien-.
Lo que está claro en Platón es que la explicación última de la realidad no debe buscarse en lo que es engendrado, sino en “lo quo es”, es decir, en la Idea, inteligible, inmaterial, necesaria y eterna. Los dioses son la herencia del arraigado politeísmo de la mentalidad griega que Platón no desterró, aunque sí purificó de los caracteres concebidos par el culto tradicional.
Ellos representan actividad y vida, son justificabhes racionalmente, se  someten a un orden, a un modelo que está –desde el punto de vista ontológico- por encima de ellos. 
Desde una  perspectiva cristiana, a la Idea de Bien le falta la nota de personalidad para que se  complete una adecuación al Dios de la tradición judeo-cristiana. Al Demiurgo, según esta cosmovisión, le falta la nota de creador. 
Empero, escapaba al filósofo concebir categorías que se formularían en siglos venideros, en otro contexto histórico-cultural y por ende, lingüístico y mental. 
Si el único lugar de Dios y los dioses en Platón está únicamente en su sistema filósofico es aventurado afirmarlo. 
Como hemos visto, la religión tradicional tenía una fuerte carga en su teologia; sin embargo, funda la existencia y providencia de Ia divinidad en un acto de reflexión. 
El Dios y los dioses platónicos bien podrían ser llamados “el Dios de los filósofos”, de acuerdo a la  célebre distinción de Blas Pascal, con un lugar determinado en un sistema de pensamiento. 
No tienen (Dios y los dioses) carácter existencial como entendemos hoy el término “existencial” aunque prefiguraron grandes rasgos del Dios de la metafísica neoplatónica y cristiana.

miércoles, 18 de marzo de 2015

GIOVANNI PAPINI, DEL ATEÍSMO VOLTERIANO AL CATOLICISMO

UN ESCÉPTICO GANADO POR LA GRACIA

La Primera Guerra Mundial llevó al italiano Giovanni Papini del ateísmo volteriano al catolicismo más ferviente. Quiso expiar su vida antirreligiosa con la apasionada "Historia de Cristo", que marcó el comienzo de una fructífera obra apologética.

La historia de las conversiones literarias de comienzos del siglo XX no se limitó al mundo de habla inglesa. En la órbita latina también hubo transformaciones notables, pero ninguna más espectacular que la que protagonizó el italiano Giovanni Papini (1881-1956). Su evolución sorprendió a tal punto que, más de tres décadas después de producida, todavía seguía discutiéndose se había ocurrido en verdad, o si era apenas una conveniente impostura. 

Las dudas sobre esa conversión obedecían a que, al momento del cambio, Papini era un escritor y filósofo de renombre, un adepto al pragmatismo en filosofía y al movimiento futurista en arte, que se había hecho conocido por su escepticismo en materia religiosa y que estaba por completo distanciado de la fe en la que lo habían educado.

En la introducción a la Historia de Cristo (1921), el primer libro que escribió tras convertirse, Papini admite que en aquella época había llegado a sostener el "ateísmo integral y perfecto" luego de vivir una "sazón de fiebre y orgullo". De hecho reconoce que escribió esa obra a manera de expiación por haber ofendido a Cristo "como pocos lo habían ofendido antes que él". "Le ha acontecido con frecuencia a Jesús -recordó allí- que quienes primero lo odiaban son los que con mayor ahínco lo aman".

¿Por qué entonces un hombre con esas inclinaciones había retornado a la fe original, "después de tanta caída, tanto delirio y tanto pavonearse"? En la Historia de Cristo Papini se ocupó de aclarar que no había regresado por causa del cansancio, ni por el miedo que trae la vejez (cuando empezó a escribir el libro, en 1919, tenía 38 años), ni tampoco por vanidad mundana. Lo hizo, y aquí puede evocarse la primera etapa que esgrimía Chesterton para explicar todo proceso de conversión, por el impulso de "recordar y defender" a Cristo en un tiempo en que lo veía singularmente traicionado y olvidado.

Papini siempre refutó con vigor a los que dudaban de la sinceridad o la hondura de su conversión, o la de quienes lo habían precedido en la vuelta a la fe de Roma. Así, en Croce y la cruz, un ensayo recogido en La piedra infernal (1934), Papini polemizó con Benedetto Croce, el máximo filósofo e historiador italiano de su tiempo, quien en su Historia de Europa había acusado al catolicismo de recibir en su seno a "un gran número de almas débiles o debilitadas, y a turbios y poco de fiar aventureros del espíritu".

Como respuesta Papini recordaba cuál es la verdadera condición espiritual del católico y disipaba el error de que la conversión "proporciona, sin más, al converso la paz absoluta, la seguridad, la certidumbre y el sosiego perpetuo".

"Sepa Croce -agregaba- que en el alma de esos hombres rebrotan las dudas sobre el fundamento de su fe, aunque esas dudas se vean siempre deshechas y vencidas; rebrotan las dudas sobre su capacidad para alcanzar la perfecta salvación; las indignaciones frente a la tibieza y tosquedad de la mayor parte de sus nuevos compañeros; pasan por tristes períodos de aridez, de inquietudes y de tentaciones de toda clase".

Mencionaba, además, el caso de recientes intelectuales conversos a los que mal podía tacharse de "débiles" o "aventureros". Aludía al alemán Peter Wust, al francés Jacques Rivire y, cómo no, al británico Chesterton, un autor que había influido en la conversión de Papini, en especial por libros como El hombre eterno (1925).

De él recordaba que "vino a la Iglesia por una necesidad intelectual de armonía plena y coherente, y no por haberle derribado un rayo, por afición a las pinturas de santos, o a las pompas del culto...He aquí, pues, un hombre moderno, cultísimo, que no se hace católico por miedo a la libertad o por nostalgia del pasado...Son pocos hoy en día en el mundo los hombres que manifiestan tal vivacidad de inteligencia, y una vitalidad tan plena, tan jubilosa y de tanta frondosidad".

¿Pero cuáles habían sido los motivos que habían convencido al propio Papini? Un factor determinante había sido "el espectáculo de tantas ruinas y de tantos dolores" de la Primera Guerra Mundial. La matanza lo llevó a releer a Tolstoi y Dostoievsky, y ellos lo condujeron de vuelta al Evangelio, que hasta entonces Papini siempre había leído "con espíritu receloso y hostil".

El Sermón de la Montaña, específicamente, lo inclinó a meditar que no había "otra defensa segura" contra horrores como los que acababan de vivirse que "un cambio radical de las almas". Pudo ver en el Cristianismo al remedio contra los males de la humanidad y llegó a la conclusión de que Cristo, "Maestro de una moral tan contraria a la naturaleza de los hombres, no podía ser únicamente Hombre, sino Dios".

INFLUENCIA DECISIVA

Luego, según Papini, "intervino la influencia secreta, pero infalible, de la Gracia", que lo decidió, por amor a Cristo, a hacer algo para difundir sus palabras "a quienes no lo conocen, o no lo comprenden, o no lo aprecian". Entonces marchó a la soledad del campo, a su casa en Bulciano, sobre los Apeninos, y entre agosto de 1919 y noviembre de 1920 escribió la Historia de Cristo, su libro más influyente y popular, que llegó a ser traducido a 34 idiomas. 

Como se ve, la tan discutida conversión del italiano fue consecuencia de una "lenta, progresiva y segura" maduración, que ocurrió justo cuando Papini "triunfaba con sus escritos volterianos", según resumió Victorio Franchini, uno de sus últimos secretarios personales, en su libro Papini íntimo (1959). A partir de ese cambio el antiguo irreverente se distinguiría por el ardor de su militancia católica, matizada -en palabras de Franchini- con el nacionalismo "antidemocrático" y "antibritánico", y con la simpatía por los regímenes de Mussolini y Salazar. 

El nuevo Papini creía que estaba llamado a cumplir "una misión, un apostolado" en defensa de la fe y que su contribución a ese combate debía ser intelectual. Por eso, en los tres decenios posteriores a 1921, saldrían de su pluma numerosos libros inspirados en un particular sentido de la apologética: La escala de Jacob, Los testigos de la Pasión, La piedra infernal, Cielo y tierra, Cartas del papa Celestino VI a los hombres, etc.. Hasta llegar a El diablo (1953), acaso la más controvertida de sus obras, que incluso fue cuestionada por L"Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede, por estar llena de "errores explícitos, es más, descarados y clamorosos", pero que no mereció una sanción oficial de la Iglesia.

En ese libro, el último que publicó en vida, el apasionado converso se preguntaba, en clara contradicción del dogma católico, si al final de los tiempos Satanás podría ver levantada su condena por toda la eternidad y, de ese modo, liberar al hombre de la tentación del mal. Una idea curiosa de parte de un hombre genial pero ya enfermo, que no hizo más que acentuar las dudas de los asiduos visitantes, por lo general sacerdotes, que se acercaban hasta su casa corroídos por una sola pregunta: "¿Se convirtió de verdad Papini?".



FUENTE: LA PRENSA - AUTOR: Jorge Martínez

EL ICHTUS O ICHTHYS ("PEZ")

EL ICHTUS (O ICHTHYS) 


El ichtus o ichthys (en griego ΙΧΘΥΣ, ['ix.θys] "pez") es un símbolo que consiste en dos arcos que se intersectan de forma que parece el perfil de un pez, y que fue empleado por los primeros cristianos como un símbolo secreto.

El acrónimo significa: Iēsoûs CHristós THeoû hYiós Sōtér; "Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador".

El uso del ichtus como símbolo secreto pudo haber sido el siguiente: una persona dibujaba unas líneas rectas y curvas en la arena de forma aparentemente aleatoria, de las que una de ellas era un arco circular (medio ichtus). Si otra persona dibujaba más líneas en el suelo y completaba la figura, los dos sabrían que ambos eran cristianos.

También era usado secretamente cuando dos personas que no se conocían muy bien se veían nuevamente, una de ellas le hacía la mitad del símbolo del pez en la palma de la mano a uno al saludarlo y el otro respondía haciendo la otra mitad si también era ferviente Cristiano, si no pasaba como una cosquilla o accidente, pero la mayoría de las veces se tomaban muchas precauciones, como el de investigar a la otra personas de antemano.

Antes del Edicto de Milán los cristianos no podían revelar abiertamente su fe, ya que corrían el riesgo de ser perseguidos o ejecutados.

El pez también se interpreta desde la psicología arquetípica como símbolo de la verdad profunda (bajo el agua) que se oculta para ser atrapada y, a continuación, salir a la luz. Que brilla en secreto en un primer momento, y el pescador debe obtenerlo para alimentarse. En la Biblia aparece Pedro como pescador, y Jesús simbólicamente se representaría como el guía a la verdad.

Puede haberse establecido un vínculo entre Jesús y el pez a partir del baño en el baptisterio (piscina, que literalmente significa estanque de peces) y la parábola de los pescadores de hombres que refería a los apóstoles. El pez era un símbolo de buena suerte.

Otra interpretación deriva de las condiciones astrológicas de la "Era de Piscis" ya que la conjunción áurea de Júpiter y Saturno tuvo lugar en el año 7 a.C. (el año del presunto nacimiento de Cristo) tres veces en el signo de Piscis en el zodíaco. Se interpretó que Jesús era la primera deidad cósmica de los peces. Y se designaba a los recién convertidos como "pisciculi" (pececillos) y el pez se convirtió, junto con el pan en símbolo de la eucaristía.

FUENTE: WIKIPEDIA

"TU PADRE QUE ESTÁ ALLÍ, EN LO SECRETO..."

"Tú, en cambio, cuando vaya a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te compensará".

Mateo: 6, 1-6 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Tenga cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vaya a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te compensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, si no tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará»

martes, 17 de marzo de 2015

DEL AMOR ESPIRITUAL SEGÚN IBN ARABI

DEL AMOR ESPIRITUAL

El amor espiritual reúne en el amante tanto el amor del bienamado por el amado como por sí mismo, mientras que en el amor natural o físico el amante ama sólo por sí mismo al bienamado.

Has de saber que en el amor espiritual el amante une la razón (‘aql) y el conocimiento (‘ilm). Mediante la razón da muestras de sabiduría, y, mediante ésta, muestra suficiencia. De este modo llega a ordenar las cosas según el orden de la sabiduría sin modificar, no obstante, mediante ella el lugar que le corresponde.

Así pues, cuando ama sabe:

· lo que es el amor;

· lo que hay que entender por amante;

· lo que es realmente el ser amado;

· lo que espera del bienamado;

· si su bienamado es capaz de ejercer la voluntad (irada) y si está dotado de libre albedrío (ijtiyar), para amar lo que ama;

· si, por el contrario, el amado no es capaz de ejercer su voluntad, a fin de que el amante ame únicamente por sí mismo a su bienamado;

· lo que es este individuo en el cual, y sólo en él, quiere que se realice el objeto de su amor. En este último caso, podemos precisar que este individuo es amado por el amante, incluso si el móvil de su amor sólo se encuentra en este individuo sin ser por ello este último él mismo.

Si este individuo puede ejercer su voluntad, es posible, que el amante lo ame por él y no por sí mismo.

Si este individuo, por el contrario, no puede ejercer su voluntad, el amante no amará a esta persona sino por sí mismo, quiero decir por el amante, y no por su bienamado, porque éste, en su amor, no está animado por una cosa o una motivación particular (hacia el amante). Sin embargo, puede que este ser grato imponga su voluntad al amante, de forma que éste distinga sin esfuerzo que tiene afecto por lo que este individuo ama y que el amante pueda también amarlo por él, aunque por un efecto secundario que el amor engendra.

Por esencia, el amante desea la unión después de haber buscado la existencia efectiva del objeto de su amor. Y, sin duda alguna, la existencia efectiva del amado es idéntica a la unión con él, ¡no puede ser de otro modo!

He aquí lo que decimos de ello:

El momento del éxtasis es el de la unión
y el del amor. ¡Comed y bebed de él!

Durante una verdadera revelación que se nos presentó a nosotros estando en contemplación, improvisamos los versos siguientes:

Zaynab me ha conquistado mediante la pasión de amor.
Fuera de ella no sé, pues, comportarme.
Pero cuando se me manifestó la luz del ser
envolviéndome por completo, se esfumaron las tinieblas.
Me entregué a ella por afecto intenso.
Pero el amor para siempre agota por cansancio.
Entre el efecto de amor y la atracción del deseo
no podría encontrarse un momento de descanso.

Desde que se actualiza la pasión de amor, se desarrollan un hálito de beneplácito recíproco (tanaffus) y de profundos suspiros (tanahhud), el hálito se exhala de manera que forma en el amante la imagen del amado hasta el punto incluso de hacer aparecer una forma externa que contempla y por la que realiza su motivación y su felicidad al margen de toda circunstancia temporal.

Hemos expuesto este aspecto doctrinal, que acabamos de completar, a propósito de la existencia de la Nube opaca (‘ama’) (por la acción de seres individualizados).

En la siguiente poesía damos su quintaesencia:

Permanezco subyugado por la misericordia
que Al-lâh me ha otorgado. Es por ello que, en amor,
es deseable que seáis conquistados.
El momento del amor es el del éxtasis
y el de la unión ¡Comed y bebed de él!
¿Dónde está el amor intenso? ¿Dónde está la enfermedad?
¿Y dónde está la pasión? ¿Acaso no estáis turbados?
Esta amada cuyo vestido sigue puro está escondida.
¡Pero entonces a nadie puede ella compararse!

Hemos visto que el objeto de amor debe ser virtual o no actualizado (madum). Ahora bien, en este estado potencial (adam), el amado es puro en su vestido al principio mismo de la existencia, porque nada viene a degradarlo o a mancillarlo en el primer momento de su manifestación y de su existencia.

El fundamento de la pureza original es atestiguado por esta palabra del Profeta: «Todo ser es engendrado según la naturaleza primordial (fitra)»... que es esta pureza de la que aquí hablamos.

En el último verso de nuestra poesía hemos especificado: está escondida, puesto que se trata de la potencialidad de este ser puro que hemos puesto en relación con la toma de conciencia inmediata de la existencia efectiva (shuhud al‑wuyud).

La última parte de esta misma poesía: Pero entonces a nadie puede ella compararse, se refiere al ser virtual que no existe todavía de modo relacional, aunque el amante desea una relación así para sí mismo.

Completamos este punto doctrinal con estos últimos versos que acaban la última poesía:

¡Es muy necesario dar gracias a Al-lâh!
¡Yo la tengo por virgen, pero yo ya no lo soy!

La explicación que puede darse de ello es que el objeto grato se realiza a partir de una potencialidad que es (simbólicamente) una virginidad (bikr). Sin embargo, yo me encontraba ya amado (por el amor divino) incluso antes de ser generado, pero ahora estoy revestido del hábito (de la existencia de forma que yo no he podido conservar mi virginidad primordial).

Tras estas consideraciones, añadiremos que, sin ser grato, que es (originalmente) virtual, llega a realizarse en un individuo que no ejerce su voluntad, no se dice que el amante desea el objeto grato para el amado, en consecuencia lo ama forzosamente por él, el amante, como ocurre en el amor natural.

Si, por el contrario, el objeto del amor no se realiza sino en el ser capaz de actuar deliberada mente (sobre el amante), como Al-lâh ‑—exaltado sea—, una doncella o una adolescente, el amante puede ser afectado por estos seres gratos que acabamos de mencionar. Por ello es plausible que el amante ame el afecto de un tal ser, en el cual, y solamente en él, se cristaliza el objeto de su amor. Pero si sucediese que este ser no quisiera lo que ama ese amante, éste se quedaría en su estado primero, es decir, en el amor (no actualizable) que tiene por el amado, dado que el amado no puede ejercer su voluntad sobre él, lo que equivale a lo que expusimos anteriormente.

Esta última reflexión no significa que el amante deba vincularse a lo que este individuo ama, puesto que éste no ama (necesariamente) lo que le gusta al amante, porque este individuo no es el objeto mismo del amor, sino sólo el lugar en el que este objeto grato se realiza. En efecto, no está dentro del poder del amante actualizar el objeto de su amor en este individuo, salvo si puede hacerlo por sí mismo. Si, por el contrario, lo que es grato no encuentra modo de ejercerse en un individuo, no lo será nunca posible al amante realizar este objeto grato sin que intervenga una ayuda especial de Al-lâh para permitirle, si lo quiere, realizar un acto creador (takwin), al modo de Jesús —que la paz sea con él— y de otros servidores de Al-lâh. Si Él les otorga tal gracia, el amor obliga al amante a dar la existencia al objeto grato.

No encontrarás en ningún otro tratado este punto doctrinal analizado de una forma tan realista, porque yo nunca he encontrado a nadie que haya desarrollado lo que acabo de exponer.

Sin embargo, los amantes son legión. Podemos incluso afirmar que todos los seres existentes son amantes, pero no son conscientes de quien depende su amor y se encuentran ofuscados por el ser sobre el que se aplica el objeto del amor. En consecuencia, imaginan que este individuo es aquel al que aman, cuando verdaderamente se trata de un efecto secundario de amor. En realidad, nadie ama al amado por el amado mismo, lo ama solamente por sí mismo. ¡tal es la verdad sin duda alguna!

Jamás un ser inexistente en acto (ma’dum) puede ser calificado de voluntario. Por esta razón el amante ama al amado por sí, el amante, y abandona su propia voluntad en provecho de la de su bienamado. Ante esta verdad, solo le queda al amante amar por sí mismo. ¡Intenta comprenderlo!

Este es claramente el amor espiritual despojado de la forma sensible (sura tabi’iyya). Sin embargo, si el amor se reviste de esta forma y se manifiesta a través de la misma, tal como lo hemos explicado anteriormente a propósito del amor divino, sigue siendo no obstante de una condición que lo asemeja más al aspecto espiritual, porque es una de las formas posibles del mundo, cualquiera que sea la manera de ser asumida por el Espíritu, aunque sea de un nivel superior al de la Naturaleza.

¡Has de saber!: cuando el Espíritu se reviste de una forma natural a través de los soportes del mundo de las imágenes, y no en los cuerpos del reino sensible percibidos habitualmente, las formas de este mundo de las imágenes proceden también de un mundo de percepción normal. Sin embargo, no es dado a cualquiera discernir la diferencia entre estos cuerpos de origen sutil y los del mundo sensible.

Por esta última razón, los Compañeros del Profeta no reconocieron al ángel Gabriel cuando se presentó ante ellos bajo la forma de un árabe y no tuvieron conciencia de que se trataba de una entidad corporal relevante del mundo de las imágenes, hasta el momento en el que el Profeta —que la paz y las bendiciones sean con él— se lo hizo saber explicando: «¡Éste es Gabriel!» ¡Y ya no dudaron entonces de que Gabriel era árabe! (1)

El mismo caso se aplicó a María cuando el ángel se presentó ante ella bajo la apariencia de un ser humano completo, porque ella no tenía el conocimiento de la señal distintiva (‘alama) que hace reconocer a los espíritus cuando asumen el aspecto corporal (2).

Ahora bien, el Profeta poseía este conocimiento que le permitió discernir que se trataba claramente de un ángel y que ese ángel era Gabriel.

Es así como el Ser verdadero se manifestará a Sus siervos el Día de la Resurrección, hasta el extremo que éstos buscarán refugio de Él por falta de conocimiento a Él.

Tal es también el principio que rige el doble aspecto divino y espiritual que se aplica igualmente al ser que se presenta a alguien que ignora este caso preciso.

Cualquiera que goce del favor divino debe conocer el signo particular que diferencia la Manifestación de Al-lâh de la del ángel, la del ser del mundo sutil, el genio (yin) y, por fin, la del ser humano, cuando se les ha dado la facultad de manifestarse bajo formas como Qadib al‑Ban y también otras.

Si el ser humano está hecho de tierra posee la capacidad de metamorfosearse (tahawwul) bajo el ojo del observador, manteniendo al mismo tiempo su forma original, las metamorfosis habrán de ser mucho más fáciles para los espíritus de fuego y de luz.

¡Discrimina, pues, lo que ves y por quien ves y lo que es la realidad de lo que se presenta ante ti!

Hemos tratado esta cuestión en el capítulo del conocimiento del mundo de las imágenes. ¡Estúdiala, pues, con atención! (3).

El espíritu que se manifiesta bajo una forma natural o corporal lo hace siempre de esta manera, tal como lo hemos desarrollado ya en el capítulo sobre el amor divino, sea esta forma percibida externa o internamente (al amante que experimenta este fenómeno), porque dicha forma no puede escapar a esta ley. ¡Conviene que lo sepas.

El amor espiritual une así el amor natural y el amor espiritual, pero también el amor por sí mismo y por el bienamado, aunque éste, sin embargo, es como lo hemos descrito, es decir, que puede ejercer su voluntad.

Según lo que acabamos de exponer, te será claro que los hombres no tienen conocimiento de lo que aman y que el objeto de su amor se encuentra contenido íntimamente en cualquier ser. Entonces imaginan que aman a tal o cual persona, cuando no es en absoluto así.

Date cuenta bien del alcance de la enseñanza que acabo de transmitirte y agradece a Al-lâh por haberte liberado de la ignorancia. Sin embargo, esta exposición te bastará, ya que el fin que nos habíamos propuesto ha sido alcanzado, aunque las aplicaciones sean numerosas, pero hemos querido, en este tratado, atenernos a la adquisición de los principios. ¡Alabado sea Al-lâh!

Notas

(1). Ibn ‘Arabî hace referencia varias veces a este importante hadith a lo largo del Tratado del amor. Ante los numerosos comentarios que hace de él, presentamos una traducción íntegra:
Se cuenta que ‘Umar ibn al‑Jattab —que Al-lâh esté satisfecho con él— dijo: «Cuando estábamos cerca del Enviado de Al-lâh —la paz y las bendiciones sean con él—, se apareció un hombre imponente, vestido de blanco, con los cabellos de un negro intenso. Sobre él no había huella alguna de viaje y nadie de nosotros lo conocía. Finalmente se sentó cerca del Profeta, rodilla contra rodilla, y posó las palmas de la mano sobre los muslos del Enviado. Él dijo: “¡Oh, Muhammad!, infóriname de qué es el islam.” El Enviado de Al-lâh respondió: “El islam es que tú manifiestes que no hay más dios que Al-lâh y que Muhammad es el Mensajero de Al-lâh, que cumplas con la Oración, que des la limosna purificadora legal, que ayunes el mes de Ramadán, que cumplas la Peregrinación si tienes la posibilidad de ello.” El hombre dijo: “¡Has dicho la verdad!” ‘Umar dijo: “Nosotros nos asombrábamos de que pudiera interrogar y confirmar al Profeta. Esa persona también le pidió: “Infórmame respecto a la Fe.” El Profeta respondió: “Es que tú creas en Al-lâh, en Sus Ángeles, en Sus libros revelados, en Sus Mensajeros, en el Día final, que creas en el Decreto predestinado en el bien como en el mal.” El hombre dijo de nuevo: “¡Has dicho la verdad!” También le pidió: “Infórmame respecto al comportarrúento perfecto.” El Profeta dijo: “Es que adores a Al-lâh como si Lo vieses, porque si tú no Lo ves, ¡Él te ve!” De nuevo le pidió: “Infórmame respecto de la Hora.” El Profeta respondió: “¡Quien es interrogado sobre este punto no es más sabio que quien pregunta!” Él pidió: “Infórmame sobre los signos precursores”. “Es, respondió él, cuando la sierva esclava criará a su dueña y cuando verás a los descalzos, sin ropa, miserables, pastores de rebaños, construir altos edificios.” El hombre desapareció y yo permanecía allí bastante tiempo. Entonces el Profeta me dijo: “¡Oh, ‘Umar!, ¿sabes quién era ese hombre que me planteaba esas preguntas?” Le respondí: “¡Al-lâh y su Enviado lo saben mejor!” Él añadió: iEra Gabriel que venía a enseñar vuestra tradición!”. »

(2). Referencia al sura Maryam XIX, versículos 16 a 41.

(3). En Futuhat, capítulo LXIII y nuestra traducción de L’Arbre du Monde, ob. cit., pp. 154 y ss.

Fuente: Tratado del amor - Autor: Ibn Arabi  

SUFISMO: EL LENGUAJE DE LAS ALUSIONES SIMBÓLICAS

EL LENGUAJE DE LAS ALUSIONES SIMBÓLICAS EN EL SUFISMO 
SEGÚN IBN 'ARABI



"El lenguaje de las alusiones implica una relación de ambigüedad debida a la ambivalencia misma de su fundamento"




1. 1. Introducción

En diversos contextos traduciré el término išára como ‘alusión esotérica’, ‘fórmula indicativa’, ‘expresión simbólica’, ‘sentencia alusiva’ u otras variantes.

La noción de išara (pl. išárat) corresponde, en la terminología técnica del sufismo -tradición mística y aspecto esotérico del Islam-, a la aprehensión o la expresión inspirada de una experiencia relacionada con alguna de las realidades espirituales.

Ibn ‘Arabi da una concisa definición del términotasawwuf, “sufismo’ o “misticismo islámico”, en un breve tratado de termonología sufí: «El sufismo –dice el shayj al-Akbar- es la adhesión a las buenas maneras (ádáb) prescritas en la Ley sagrada, tanto externa (záhir) como internamente (¿‘aún). Estas buenas maneras son los divinos rasgos de carácter (ajláq iláhiyya). Aplícase también el término al cultivo de los nobles rasgos de carácter y al abandono de los triviales»’.

En este mismo tratado, la “Terminología técnica del sufismo”, escrito en lenguaje alusivo, Ibn ‘Arabí se refiere también al significado de išara y latifa.

«La išara -dice el Shayj- tiene lugar en el estado de cercanía a Dios, con la presencia de la otredad (ma´a hudur al-gayr) y tiene lugar asimismo en el estado de alejamiento»2.

El lenguaje de las alusiones implica, en efecto, una relación de ambigüedad debida a la ambivalencia misma de su fundamento. El lenguaje, en tanto que comunicación, establece un vínculo de transmisión entre emisor y receptor -así, entre Dios y el hombre-, de modo que, en este sentido, significa un ‘acercamiento’, denota proximidad; sin embargo, al mismo tiempo, pone de manifiesto la necesidad o carencia que esta comunicación entraña, ya que el puente que vincula es también la distancia que separa, pues supone una dualidad entre emisor y receptor, y significa, por tanto, un ‘alejamiento’.

En otra definición, explica el autor que la latifa es una alusión caracterizada cualitativamente por la ‘finura’ de su significado. Dice literalmente: «La ‘sutileza’
o ‘toque de gracia’ es toda alusión esotérica (išara) de significado sutil (daqiqat al-ma’na) que permite la comprensión de aquello que no está contenido en la expresión literal (ibára)»3.

Como señal, en sentido propio, la išara muestra o indica algo -un objeto, una situación, un estado o un propósito particular- que determina su significado y sin cuyo conocimiento la ¡dra no cobra sentido, ni tiene realidad. Así pues, el objeto necesario de la alusión es la realidad a la cual se alude. Pero la fuerza que la impulsa, el espíritu que anima la alusión es la intención o la comprensión del sujeto, el propósito de quien alude, por el cual se confiere un significado específico al objeto de la indicación, en virtud de una experiencia particular.

Por su carácter gnómico y sapiencial, cuando recomienda una dirección o sugiere un modo de aproximación a su objeto, la alusión supone un intento de transmisión de conocimiento y representa una enseñanza no convencional. Uno de sus rasgos es, por tanto, la función didáctica. No obstante, esta orientación pedagógica de la isára se caracteriza por la tendencia al procedimiento mayéutico.

Toda isara es, en cieno modo, una advertencia o llamada de atención (tanbih). Este aspecto admonitivo propio de la alusión supone un intento de producir un despertar en la conciencia. Aunque aparezca formulado como afirmación, el tanbih, de hecho, conlleva un interrogante. Al poner en cuestión un significado previo se induce la comprensión de un nuevo sentido.

1. 2. Acepciones de la raíz šwr en forma IV

En algunos apanados de este trabajo se hará referencia a la relación establecida entre algunos términos en virtud de su triliteralismo etimológico.

Considero oportuno hacer aquí algunas consideraciones al respecto, dirigidas, sobre todo, a quienes no conocen la lengua árabe. Partamos de una definición gramatical:

«Los lexicógrafos árabes han descrito todas las palabras de su lengua como el resultado de la intersección de un morfema radical o raíz, portador del lexema o idea básica, integrado por generalmente sólo tres consonantes radicales, y de un moderna derivacional ligado y discontinuo [...], en ciertas secuencias fijas y limitadas, llamadas formas (…)»4~

La extraordinaria capacidad alusiva de la lengua Árabe -o de cualquier otra lengua semítica- reside en las posibilidades asociativas que brinda su sistema de raíces léxicas trilíteras, cuyos significados básicos originados han evolucionado a lo largo del tiempo, diversificándose y configurando una “estructura semántica” múltiple que pone en relación, implícitamente, términos de significados dispares e incluso opuestos, posiblemente asociados, en algún momento de su evolución, a un mismo significado primigenio, del cual pudieran derivar, por analogía o comparación, nuevas palabras o acepciones especializadas.

Este sistema permite establecer, a partir de relaciones morfológicas y etimológicas, una sutil “red de referencias” semánticas. Tal intercomunicación léxica es una de las más fecundas fuentes de inspiración de la poesía árabe y uno de los pilares genuinos del pensamiento y la reflexión en esta lengua y, muy en particular, del lenguaje alusivo.

La interrelación entre ellos, confiere a los términos de una misma raíz un fuerte poder evocativo y una ‘carga denotativa’ adicional5. Entiéndase, pues, hasta qué punto la forma de la palabra está ligada al significado que comporta.

Teniendo en cuenta las consideraciones precedentes, me parece oportuno dar a conocer al lector no especializado, al menos, las acepciones del término isara recogidas en algunas destacadas obras lexicográficas.

Entre las acepciones de la forma IV de la raíz árabe šwr -a la cual corresponde el nombre verbal išara, Pedro de Alcalá, en su vocabulario, menciona las siguientes:

Hacer señas, señalar. Aconsejar, pedir consejo, consejo demandar. Señal del dedo, señas para se entender. Blanco la señal.

En el Supplément aux dictionnaires arabes, R. Dozy recoge, de diversas fuentes que aquí no cito, las acepciones de ¡¡dra que seguidamente numero: (1) Enseigne, marque, indice, signe; pl. a.M’ir, signes, phénoménes dans le ciel. (2) Signe, geste, signe qu ‘on fail avec le doig:, geste convenu entre deux personnes pour s ‘entendre. (3) Signal. (4) Renvoi, signe que renvol ~une citation, á une note. (5) Criterium. (6) Présage, pronostic. (7) Symbole, embl¿me, figure symbolique; u est souvant question des Kara: des Soufis. (8) Allégorie, figure allégorique. (9) Blanc, but où l’on tire. (10) Cocarde. (11) Averrissernent de Dieu. (12) Drapeau, bannière. (13) Procession de derviches, paree qu’ils portent une bannière7.

He aquí también algunas de las acepciones, cuyas fuentes tampoco menciono, recogidas por Lane:

-He gaihered honey; extracted it from he mmli hollow; gathered it from frs luyes or from other places. -He exhibited, or displayed, he beast, for sale (rare). -1-le stirred up the fire, or made it to ni up. -He mnade a sig to hm with the hand, tibe head, the eye or the eyebrow, or with a thing serving to convey intelligence of what he would say. -He or it, pointed to it or at it, pointed it out, or indicared it. -He made it known. -He made known, or notifled, to him he manner of accomplishing the affair that was conducive to good, and guided hm to that which was right. -He counsdlled him, or advised him, to do such a thing; showed him thar he heid it righ: for him to do such a thing; or he commanded, ordered or enjoin cd, hm to do such a :hingt.

Por su parte, F. Corriente recoge las siguientes acepciones:

1. Apuntar, mostrar, indicar (con el dedo); señalar. 2. Avivar (el fuego), sacar llama. 3. Aconsejar, recomendar, indicar; aludir. 4. Recoger la miel (de la colmena)9.

En Lisán al-arab, figuran entre otras las siguientes entradas, cuyos comentarios incluyo aquí por considerarlos de interés para este estudio:

-Hacer señales con la mano (kaff), el ojo o la ceja (ašara Ilâ). Dice Ta´lab en un verso: «Ocultaríamos la pasión en secreto, si no fuera por un gesto (išara) de la ceja (hayib) que nos delato y porque los dedos (asabi) hacen señales».

-Hacer señas o señalar con la mano (yad). En una tradición profética se dice que el Profeta: «...hacía señas en la oración (ašára fi-l- sala), es decir, daba indicaciones con la mano y la cabeza, o sea, ordenaba o prohibía por medio de la indicación gestual. Otra tradición refiere que el Profeta dijo a alguien que señalaba con el dedo durante la súplica (du´a’): «Proclama la Unidad, proclama la Unidad (ahhid,ahhid)11; y en otro se dice que «cuando hacía señales con la mano, las hacía con toda la mano», con lo cual se quiere resaltar que sus señas con toda la mano eran diferentes de su señal con el índice, de modo que, cuando queda rememorar la proclamación de la Unidad (tawhíd) y la profesión de fe (tašahhud) lo indicaba con una señal del dedo índice (mušabbiha), y cuando queda indicar otra cosa señalaba con toda la mano, para establecer así una neta distinción entre ambas señales.

Dícese también que cuando hablaba, se comunicaba con la ayuda de gestos que integraba en su discurso para reafirmarlo.

Otras acepciones: -Señalar, aludir (lawwaha 114 alwaha). -Ordenar algo a alguien (a¡ára calay~hi bi-amr). -Aconsejar, dar el parecer.

Extracto del primer capítulo del libro ‘El lenguaje de las alusiones: Amor, Compasión y Belleza en el Sufismo de Ibn Arabí’, edit. regional de Murcia 2005.

Fuente original: 
- Autor: Pablo Beneito Arias

SUFISMO: ALMA VEGETAL Y ALMA ANIMAL

EL ALMA VEGETAL Y EL ALMA ANIMAL

Dentro de la sabiduría de los maestros de la Tradición del sufismo se encuentran dos perspectivas: algunos hablan de siete almas; otros de siete aspectos de una unidad.

Para nuestra exposición no resulta relevante hacer una diferenciación de este tipo. Lo importante –como ya señalamos en la anterior exposición– es que si pusiéramos estos siete niveles en una figura, podríamos ver que el alma mineral se encuentra al lado de la máxima expresión de los aspectos del alma, el nivel denominado el secreto de los secretos, que hemos recibido de ALLAH. Pues ALLAH le dio el espíritu de su aliento a Hz. Adam (as), y le confirió el conocimiento de todos sus nombres. 

Como ya hemos comentado, el alma mineral es un ejemplo para nosotros de total sumisión, ¿Por qué? Porque una roca que es puesta en un lugar, jamás puede llegar a moverse, a menos que no sea por una fuerza exterior a ella. Esto representa un ejemplo de entrega total, si entendemos claramente lo siguiente: nuestro objetivo es disponernos en esa sumisión total a ALLAHU TA’ALA.

Porque evidentemente existen muchas diferencias entre una simple roca y nosotros que estamos afectados por una gran complejidad de influencias (las que se manifiestan precisamente en nuestras otras almas). Hay que recordar que el lugar concreto de la ubicación del alma mineral es la columna vertebral, que constituye el eje de la estructura de nuestro esqueleto. Sin él seríamos una masa amorfa, una especie de extraño reptil blando, y no un ser humano que se caracteriza precisamente por su postura erecta. Por eso mismo, el ser humano es el Califa de ALLAHU TA’ALA en Su creación y es la más sublime expresión de todo lo creado. Así nos lo hace saber NUESTRO AMADO SEÑOR, NUESTRO SOBERANO, NUESTRO CREADOR.

De tal manera, en tanto es precisamente ésta la posición que ALLAH ha determinado para nosotros en la Creación, nos corresponde averiguar cómo podemos hacer para acercarnos a EL, y tenemos que esforzarnos para modificar esos aspectos que nos apartan de EL. De manera que será necesaria una transformación para que haya un equilibrio en nuestro ser. Así como un pedazo de carbón se puede convertir en un diamante, y la arena de la playa sometida a altas temperaturas se transforma en un cristal, del mismo modo es posible la transmutación en nuestra naturaleza, y en niveles muchísimos más sutiles y extraordinarios que los mencionados en el mundo mineral.

Ahora bien, para que esos cambios puedan llegar a ocurrir, tiene que haber un equilibrio en nuestras funciones. De no ser así, el organismo se trastorna y el ser enferma. Es decir, si hay mucho énfasis en la parte espiritual pero una total ignorancia en la parte física, ésta enfermará. Quizás alguien esté pensando que esto no es así porque existieron ciertos santos que podían estar muchísimo tiempo comiendo poco o nada, y que Hz. Ibn Arabi (ra) estuvo meses sin dormir y prácticamente sin dormir según se cuenta. Nadie niega estos datos reales de nuestra Tradición que nos sirven precisamente para recordar que no hay ningún Ibn Arabi entre nosotros, y a pesar de que existen sobre la tierra seres de tal naturaleza, no sabemos quiénes son, ni dónde se encuentran. Si alguno de ustedes tiene conocimiento de dónde se pueden hallar, le pido por favor que me lo haga saber, porque desearía conocer a un ser humano tal y aprender de él.

De modo que para continuar con nuestro relato acerca de los distintos niveles que componen nuestro ser, nos referiremos al ALMA VEGETAL. Esta alma tiene su residencia en el hígado, y está íntimamente relacionada con el sistema digestivo, que regula la alimentación, su asimilación, y el crecimiento corporal. Como resulta evidente, se trata de una función que compartimos con las plantas, una naturaleza distinta de la de los minerales que no necesitan alimento. De tal manera ALLAH en su inmensa sabiduría ha colocado en nosotros un tipo de alma análogo al que está en todo el mundo vegetal, en los árboles y las plantas de todo tipo. Y hay que recordar que cuando estábamos en el vientre de nuestras madres vegetábamos de manera idéntica a lo que hacen las plantas en el mundo.

Y esto es lo que tendría que despertar nuestro asombro respecto de la extraordinaria inteligencia que reside en este tipo de existencia. Un tipo de inteligencia que habitualmente se nos pasa desapercibida porque no apreciamos los matices de una gran cantidad de aspectos riquísimos de la Creación. Y este aspecto lo ignoramos en gran parte por el especial énfasis que ponemos los seres humanos en el aprendizaje abstracto de las funciones mentales. Pero en verdad no importa cuánto estudiemos y memoricemos conocimiento, cuántos doctorados obtengamos, porque por nosotros mismos no tenemos el conocimiento que hace digerir una fruta, o crecer los cabellos. 

Estas funciones se dan en nosotros como producto del funcionamiento perfecto de una inteligencia que se halla en nuestra alma vegetal, sin ninguna intervención de nuestro centro intelectual.

El alma mineral es el lugar desde donde se transmite la energía, del mismo modo en que se produce la luz a través de un cristal, pero las transmutaciones se dan en la dimensión del alma vegetal. La planta acepta esta transmisión de la luz –como en la llamada fotosíntesis- que desciende desde los elementos hasta la tierra y en nuestra alma vegetal se produce la alimentación que genera la transformación, la asimilación de los alimentos, el crecimiento, y todo aquello que nos permite ser como somos. Esta relación del alimento con la luz y la vida se manifiesta de manera riquísima en el libro de la Creación. Existen peces que viven en lugares del océano donde la luz no llega y han perdido la capacidad de ver. Mientras que en otros sitios, hay un exceso de estímulos: de ruido, de alimentos. Y eso también afecta de manera negativa.

De la constitución de los elementos de la Creación y de la armonía de sus relaciones deriva un profundo y concreto conocimiento que se aplica a la disposición de los hábitos equilibrados en la vida humana. De tal manera se manifiesta como algo necesario un adecuado balance en la base, en los elementos más simples que hacen a la salud. Recuerdo que cuando Tosun Baba le preguntó a Hz. Muzaffer Efendi (ra) qué tenía que hacer para comenzar, en este Camino, con un Dergah; Efendi le contestó: “Primero tiene que haber una buena cocina, con rica comida, y los que vengan a alimentar sus estómagos – que es una necesidad básica - quizás escuchen Inshallah tus palabras y alimenten su espíritu y se dediquen a convertirse en verdaderos seres humanos”.

Sobre una base sólida se puede edificar un fuerte edificio, en cambio si nosotros tenemos deficiencias vitamínicas, nuestro cuerpo se debilita y se enferma. Y lo mismo que ocurre con nuestra parte física, le pasa a nuestra parte emocional, y a nuestra parte espiritual. Por eso resulta importante un conocimiento de los distintos componentes de nuestro ser y de sus respectivos alimentos.

El ALMA ANIMAL tiene su sede en el corazón. Conocemos muy bien por propia experiencia los efectos desastrosos de esta alma animal cuando no está controlada y es inarmónica en sus manifestaciones. El alma animal esta ubicada en el corazón y esta íntimamente ligada al sistema circulatorio; y misteriosamente en este ser coexisten: el intelecto, las emociones, la parte espiritual conectada a la parte física. Y entre esta variedad de dimensiones se presenta una interdependencia: los aspectos psicológicos y espirituales afectan directamente a nuestra parte animal; y el desequilibrio en nuestro aspecto animal interfiere en nuestra posibilidad de poder evolucionar espiritualmente.

El gran mal del siglo XXI es justamente la tremenda cantidad de información, y nos obliga, si queremos vivir actualizados, a olvidarnos de aspectos mucho más esenciales, simples, concretos, que hacen a la base de nuestra existencia en esta tierra.

En el alma animal anidan nuestros miedos, nuestras iras, nuestras pasiones. El organismo tiende a moverse hacia aquello que lo compensa, y a apartarse de lo que nos causa miedo o ira, pero el desequilibrio es habitual en todos los seres humanos y cada uno tiene que tener conocimiento de sí mismo para hallar su propia armonía. Hay muchos escritos de nuestra Tradición que señalan el desastre que ocurre cuando se instala el descontrol pasional. Un Sheikh Sufi decía: “Si la pasión excede los limites de la moderación, entonces acude la ambición desmedida, la lujuria, el extravío en nuestras acciones, todos los sentimientos negativos.”. Pero si por el contrario no existe pasión o no tiene suficiente poder, entonces estamos en el otro extremo de la impotencia y la desidia de ignorar todo, porque nada nos interesa.

De manera que observamos que todo tiene un sentido en la perfecta obra de la Creación de ALLAH. Y la pasión tiene una bellísima función, muy importante, porque es precisamente el impulso que nos conduce hacia lo alto, lo que nos empuja hacia los límites mas elevados. Pero cuando se descarrila nos dirige hacia lo más bajo y lo peor. Por eso tenemos que preguntarnos: “¿Por qué queremos convertirnos en seres humanos? “ Queremos convertirnos en seres humanos porque por ese motivo fuimos creados, no fuimos traídos al mundo para ser animales, para estar dominados por nuestras pasiones, para no tener limites.

Existe una historia que ilustra esta cuestión:
Un derviche estaba en una esquina justo cuando venia el Sultán con su corte, recorriendo la ciudad; todo el mundo cuando veía al Sultán, agachaba la cabeza en señal de respeto. Pero cuando pasó el Sultán, el derviche estaba haciendo sus repeticiones en recuerdo de Allah, y siguió concentrado como si nada ocurriera; y el Sultán lo vio y se detuvo y le dijo: “¡Eh, tú! ¿Por qué no haces lo que hacen todos y agachas tu cabeza en señal de respeto hacía mí que soy el Sultán??? Pues éste es el puesto que ALLAH me ha dado en este mundo.” Y el derviche le dijo: “Lo que sucede es que todos esos que se postraron, que bajaron las cabezas cuando tú estabas pasando, lo hacen o por miedo, o porque quieren algo de ti. Yo no necesito nada de ti, solo recibo lo que ALLAH me envía; y e por eso no tengo necesidad de postrarme frente a ti, sólo me inclino frente al CREADOR”.

Y el Sultán estaba escuchando estas palabras y cada vez se enojaba mas, la ira le subía, y comenzó a ponerse rojo, los soldados comenzaron a tomar en el las cimitarras para cortarle la cabeza al impertinente. Pero este derviche ignorando a propósito, todos los movimientos que estaban ocurriendo entre los miembros del cortejo, le dijo: “Además ¿cómo me pides tu que yo me postre frente a un esclavo??”. Y el Sultán le dijo: “¿Ahora me estás llamando también esclavo a mí?”. “Es una realidad muy simple – replicó el derviche- tú eres un esclavo de tus pasiones. Basta observar lo que anida en tu alma en este preciso momento.” Los soldados cuando oyeron eso sacaron las cimitarras y ya le iban a cortar la cabeza, pero el Sultán: “¡Deténganse!! Dejen a este hombre que continúe con sus adoraciones, él esta mucho mas allá de mi autoridad.”

Inshallah que esta corta y muy sabia historia, haya sido una pequeña recopilación de lo que estuve tratando de decir esta noche: necesitamos trabajo, muchísimo trabajo el resto de nuestras vidas, que toda nuestra conciencia se esfuerce en buscar un equilibrio. Es vital que nuestros estómagos tengan una tercera parte de agua, una tercera parte de comida y una tercera parte de aire en forma equilibrada. Así lo hizo Hz. MUHAMMAD (saws) y es lo que es mejor, para nosotros. Por eso todos los ayunos propios de estos meses sagrados son un medio para llevarnos al equilibrio y educar nuestra alma animal de la que seguiremos hablando en el próximos Sohbet.

Assalamun Aleykum wa Rahmatullahi wa Barakatuhu
Sohbet de Al-Hajj Orhan Efendi al Yerrahi al Halveti (16/7/09)

Fuente:  http://www.vidahalal.com/envia-un-articulo.html

666, EL ANTICRISTO, HITLER: EL DEMONIO SIN MITOLOGÍAS

EL DEMONIO SIN MITOLOGÍAS

Summa Daemoniaca fue escrito en los años 90. Se trata de un ensayo sobre el mal, el demonio y los exorcismos. Un libro que se convirtió en referencia de estos temas y que incluso superó las expectativas de su autor José Antonio Fortea. “Jamás pensé que este libro llegaría a gente tan distinta”, confiesa, “el libro fue escrito pensando en sacerdotes; ni gran sorpresa ha sido que después lo han leído desde agricultores hasta jovencitos de 16 años”.

Sus frutos durante este tiempo han sido innumerables, como explica Fortea: “Llegan cartas diciéndome cómo les ha cambiado la vida. Una persona después de leer el libro dijo: “Yo no quiero ir al infierno”. Esta persona se confesó y empezó a ir a misa todos los domingos”.

Ahora, el libro vuelve a reeditarse ampliando, mejorando y completando los contenidos. La editorial Sekotia ha preparado la reedición con la intención de convertirlo en “el libro más completo dedicado al estudio y conocimiento del demonio y las fuerzas del mal”.

Cuatro grandes bloques estructuran su contenido: Tratado de demonología, Manual del exorcista, El mal y Conclusión”.

Son doce años de trabajo y entrevistas con centenares de exorcistas de todo el mundo. Un trabajo serio y profundo sobre la parte tenebrosa de la creación que ha sido realizado desde la razón y basándose en las escrituras: “Es una construcción lógica, hasta un ateo podría haber escrito el libro”, destaca el Padre Fortea.

Un libro sin fábulas ni mitologías: “La gente que vaya a esperar fantasías cinematográficas quedará defraudada. Lo que va a encontrar es la realidad. (Los exorcismos) son como los que aparecen en el Evangelio”, explica el autor, que también quiere ir desmontando ciertos falsos mitos creados. 

Se habla del 666, del Anticristo, de Hitler y para ello no se parte de ideas preconcebidas, se parte de cero y no importa ir retocando las falsas concepciones que se han creado sobre el demonio.

Aunque su primera edición es de los años 90, es un libro actual puesto que el demonio sigue presente en nuestros días, explica su autor: “El demonio es tentador, él recorre el mundo y se acerca a los hijos de Dios para sugerirles en su mentes cosas que les alejen del Creador”. Prueba de esta actualidad es el crecimiento del número de exorcistas en las diócesis.

Su autor tiene la clave de que cada vez haya más influencias demoníacas: “Una sociedad postmoderna como la actual, una sociedad que ha dado la espalda al cristianismo, ha dado la espalda a los mandamientos de Dios, se ha vuelto cada vez más hacia formas esotéricas de espiritualidad, hacia lo ocultismo, a experimentar con el tema de los espíritus”.

FUENTE: ALETEIA