viernes, 30 de octubre de 2015

LA DECLARACIÓN DE JOSÉ DE ARIMATEA, DEMANDANDO EL CUERPO DEL SEÑOR JESÚS

DECLARACIÓN DE JOSÉ DE ARIMATEA  

Declaración de José de Arimatea, el que demandó el cuerpo del Señor, que contiene las causas de los dos ladrones 

I 1.Yo soy José de Arimatea, el que pidió a Pilato el cuerpo del Señor Jesús para sepultarlo, y que por este motivo se encuentra ahora encadenado y oprimido por los judíos, asesinos y refractarios de Dios, quienes, además, teniendo en su poder la ley, fueron causa de tribulación para el mismo Moisés y, depués de encolerizar al legislador y de no haber reconocido a Dios, crucificaron al Hijo de DIos, cosa que quedó bien de manifiesto a los que conocían la condición del Crucificado. Siete días antes de la pasión de Cristo fueron remitidos al gobernador Pilato desde Jericó dos ladrones, cuyos cargos eran éstos: 

2. El primero, llamado Gestas, solía dar muerte de espada a algunos viandantes, mientras que a otros les dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de los tobillos cabeza abajo para cortarles depués los pechos; tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles; nunca conoció a Dios; no obedecía a las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era, desde el principio de su vida. 
El segundo, por su parte, estaba encartado de la siguiente forma. Se llamaba Dimas; era de origen galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aun siendo ladrón, se parecía a Tobit [Tobías], pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías. 

3. Fue detenido asimismo Jesús la tarde del día 4 antes de la Pascua. Y no había fiesta para Caifás ni para la turba de los judíos, sino enorme aflicción, a causa del robo que había efectuado el ladrón en el santuario. Y, llamando a Judas Iscariote, se pusieron al habla con él. Es de saber que éste era sobrino de Caifás. No era discípulo sincero de Jesús, sino que había sido dolosamente instigado por toda la turba de los judíos para que le siguiera; y esto, no con el fin de que se dejara convencer por los portentos que Él obraba, ni para que le reconociese, sino para que se lo entregase, con la idea de cogerle alguna mentira. Y por esta gloriosa empresa le daban regalos y un didracma de oro cada día. Y a la sazón hacía ya dos años que se encontraba en compañía de Jesús, como dice uno de los discípulos llamado Juan. 

4. Y tres días antes de que fuera detenido Jesús, dijo Judas a los judíos: «¡Ea!, pongamos el pretexto de que no fue el ladrón quien sustrajo los libros de la ley, sino Jesús en persona; yo mismo me comprometo a hacer de acusador». Mientras esto se decía, entró en nuestra compañía Nicodemo, el que tenía a su cargo las llaves del santuario, y se dirigió a todos, diciendo: «No llevéis a efecto tal cosa». Es de saber que Nicodemo era más sincero que todos los judíos juntos. Mas la hija de Caifás, llamada Sara, dijo a voz en grito: «Pues Él ha dicho delante de todos contra este lugar santo: Soy capaz de destruir este templo y de levantarlo en tres días». A lo que respondieron los judíos: «Te damos todos nuestro voto de confianza», pues la tenían como profetisa. Y, una vez celebrado el consejo, fue detenido Jesús. 

II 1.Y al día siguiente, que era miércoles, le llevaron a la hora nona al palacio de Caifás. Y Anás y Caifás le dijeron: «Oye, ¿por qué has robado nuestra Ley y has puesto a pública subasta las promesas de Moisés y de los profetas?» Mas Jesús nada respondió. Y, ante toda la asamblea reunida, le dijeron: «¿Por qué pretendes deshacer en un solo momento el santuario que Salomón levantó en cuarenta y seis años?» Y Jesús no respondió nada a esto. Es de saber que el santuario de la sinagoga había sido saqueado por el ladrón. 

2. Mas el miércoles, a la caída de la tarde, la turba se disponía a quemar a la hija de Caifás por haberse perdido los libros de la Ley, pues no sabían cómo celebrar la Pascua. Pero ella les dijo: «Esperad, hijos, que daremos muerte a este Jesús y encontraremos la Ley y la santa fiesta se celebrará con toda solemnidad». Entonces Anás y Caifás dieron ocultamente a Judas Iscariote una buena cantidad de oro con este encargo: «Di, según nos anunciaste: Yo sé que la Ley ha sido sustraida por Jesús, para que el delito recaiga sobre él y no sobre esta irreprochable doncella». Y cuando se hubieron puesto de acuerdo sobre el particular, Judas les dijo: «Que no sepa el pueblo que vosotros me habéis dado instrucciones para hacer esto contra Jesús; soltadle más bien a éste, y yo me encargo de convencer al pueblo de que la cosa es así». Y astutamente pusieron en libertad a Jesús. 

3. Así, pues, el jueves al amanecer entró Judas en el santuario y dijo a todo el pueblo: «¿Qué queréis darme y yo os enttregaré al que hizo desaparecer la Ley y robó los Profetas?» Respondieron los judíos: «Si nos lo entregas, te daremos treinta monedas de oro». Mas el pueblo no sabía que Judas se refería a Jesús, pues bastantes confesaban que era Hijo de Dios. Judas, pues, se quedó con las treinta monedas de oro. 

4. Y, habiendo salido a la hora cuarta y a la hora quinta, encontró a Jesús paseando en el atrio. Y, echándose ya encima la tarde, dijo a los judíos: «Dadme una escolta de soldados armados de espadas y palos y yo lo pondré en vuestras manos». Y le dieron fuerza para prenderle. Y mientras iban caminando, díjoles Judas: «Echad mano a aquel a quien yo besare, pues Él es quien ha robado la Ley y los Profetas». Después se acercó a Jesús y le besó, diciendo: «Salve, Maestro». Era  a la sazón la tarde del jueves. Y, una vez preso, lo pusieron en manos de Caifás y de los pontífices, diciéndoles Judas: «Éste es el que ha hurtado la Ley y los Profetas». Y los judíos sometieron a Jesús a un injusto interrogatorio, diciendo: «¿Por qué has hecho esto?» Mas Él nada respondió. 
Entonces Nicodemo y yo, José, viendo la cátedra de la pestilencia, nos separamos de ellos, no estando dispuestos a perecer juntamente con el consejo de los impíos. 

III 1.Y, después que aquella noche hicieron otras cosas terribles contra Jesús, la madrugada del viernes fueron a entregárselo al gobernador Pilato para crucificarle; y con este fin acudieron todos. Y el gobernador Pilato, después de interrogarle, mandó que fuera crucificado en compañía de dos ladrones. Y fueron crucificados juntamente con Jesús, a la izquierda Gestas y a la derecha Dimas. 

2. Y empezó a gritar el de la izquierda, diciendo a Jesús: «Mira cuántas cosas malas he hecho sobre la tierra, hasta el punto incluso de que, si yo hubiera sabido que tú eras rey, aun contigo hubiera acabado. ¿Por qué te llamas a ti mismo Hijo de Dios, si no puedes socorrerte en caso de necesidad? ¿Cómo, pues, vas a prestar auxilio a otro que te lo pida? Si tú eres el Cristo, baja de la cruz para que pueda creer en ti. Pero, por de pronto, no te considero como hombre, sino como bestia salvaje que está pereciendo juntamente conmigo». Y comenzó a decir muchas otras cosas contra Jesús mientras blasfemaba y hacía rechinar sus dientes contra Él, pues había caído preso el ladrón en el lazo del diablo. 

3. Mas el de la derecha, cuyo nombre era Dimas, viendo la gracia divina de Jesús, gritaba de este modo: «Te conozco, ¡oh Jesucristo!, y sé que eres Hijo de Dios; te estoy viendo como Cristo adorado por miríadas de ángeles. Perdóname los pecados que he cometido; no hagas venir contra mí los astros en el momento de mi juicio, o la luna cuando vayas a juzgar toda la tierra, puesto que de noche realicé mis malos propósitos; no muevas el sol, que ahora se está oscureciendo por ti, para que pueda manifestar las maldades de mi corazón; ya sabes que no puedo ofrecerte presente alguno por la remisión de mis pecados. Ya se me echa encima la muerte a causa de mis maldades, pero tú tienes poder para expiarlas; líbrame, Señor universal, de tu terrible juicio; no concedas al enemigo poder para engullirme y hacerse heredero de mi alma, como lo es de la de ese que está colgado a la izquierda; pues estoy viendo cómo el diablo recoge su alma, mientras sus carnes desaparecen. No me ordenes tampoco pasar a la porción de los judíos, pues estoy viendo sumidos en un gran llanto a Moisés y a los profetas, mientras el diablo se ríe a costa suya. Antes, pues, ¡oh Señor!, de que mi alma salga, manda que sean borrados mis pecados, y acuérdate de mí, pecador, en tu reino, cuando vayas a juzgar a las doce tribus sobre el trono grande y alto, pues gran tormento has preparado a tu mundo por tu propia causa». 

4. Y, cuando el ladrón terminó de decir estoo, respondióle Jesús: «En verdad, en verdad te digo, Dimas, que hoy mismo vas a estar conmigo en el paraiso. Mas los hijos del reino, los descendientes de Abrahán, de Isaac, de Jacob y de Moisés, serán arrojados fuera a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes. Mas tú serás el único que habites en el paraíso hasta mi segunda venida, cuando vaya a juzgar a los que no han confesado mi nombre». Y añadió: «Márchate ahora y di a los querubines y a las potestades, que están blandiendo la espada de fuego y guardan el paraíso del que Adán, el primero de los creados, fue arrojado, después de haber vivido allí, por haber prevaricado y no haber guardado mis mandamientos: Ninguno de los primeros verá el paraíso hasta que venga de nuevo a juzgar a vivos y muertos. Habiéndolo escrito así Jesucristo, el Hijo de Dios, el que descendió de las alturas de los cielos, el que salió inseparablemente del seno del Padre invisible y bajó al mundo para encarnarse y ser crucificado para salvar a Adán, a quien formó, para conocimiento de los escuadrones de arcángeles, guardianes del paraíso y ministros de mi Padre. Quiero y mando que penetre dentro el que está siendo crucificado conmigo, y que reciba por mí la remisión de sus pecados, y que entre en el paraíso con cuerpo incorruptible y engalanado, y que habite allí donde nadie jamás puede habitar». 
Y he aquí que, cuando hubo dicho esto, Jesús entregó su espíritu. Tenía esto lugar el viernes a la hora de nona. Mientras tanto, las tinieblas cubrían la tierra entera y, habiendo sobrevenido un gran teremoto, se derrumbó el santuario y el pináculo del templo. 

IV 1.Entonces yo, José, demandé el cuerpo de Jesús y lo puse en un sepulcro nuevo, sin estrenar. Mas el cadáver del que estaba a la derecha no pudo ser hallado, mientras que el de la izquierda tenía un aspecto parecido al de un dragón. 
Y, por el hecho de haber pedido el cuerpo de Jesús para darle sepultura, los judíos, dejándose llevar de un arranque de cólera, me metieron en la cárcel donde solía retenerse a los malhechores. Me ocurría esto a mí la tarde del sábado en que nuestra nación estaba prevaricando. Y mira por cuánto esta misma nación sufrió el sábado tribulaciones terribles. 

2. Y precisamente la tarde del primer día de la semana, a la hora quinta, cuando yo me encontraba en la cárcel, vino hacia mí Jesús acompañado del que había sido crucificado a su derecha, a quien había enviado al paraíso. Y había una gran luz en el recinto. De pronto la casa quedó suspensa de sus cuatro ángulos, el espacio interior quedó libre y yo pude salir. Entonces reconocí a Jesús en primer lugar y luego al ladrón, que traía una carta para Jesús. Y, mientras íbamos camino de Galilea, brilló una luz tal, que no podía soportarla la creación; el ladrón, a su vez, exhalaba un gran perfume procedente del paraíso. 

3. Luego sentóse Jesús en un lugar y leyó así: «Los querubines y los exaptérigos, que recibimos de tu divinidad la orden de guardar el jardin del paraíso, hacemos saber esto por medio del ladrón que fue crucificado juntamente contigo por disposición tuya: Al ver en éste la señal de los clavos y el resplandor de las letras de tu divinidad, el fuego se extinguió, no pudiendo aguantar la flamígera señal, y nosotros, sobrecogidos por un gran temor, quedamos amedrentados; pues oímos al autor del cielo y de la tierra y de la creación entera que bajaba desde la altura hasta las partes más bajas de la tierra a causa del primero de los creados, Adán. Pues, al ver la cruz inmaculada que fulguraba por medio del ladrón y que hacía reverberar un resplandor siete veces mayor que el del sol, se apoderó de nosotros, presa de la agitación de los infiernos, un gran temblor. Y, haciendo coro con nosotros los ministros del infierno, dijimos a grandes voces: Santo, Santo, Santo es el que impera en las alturas. Y las potestades dejaban escapar este grito: Señor, te has manifestado en el cielo y sobre la tierra, dando la alegría de los siglos, después de haber salvado de la muerte a la misma criatura». 

V 1.Mientras iba yo contemplando esto, camino de Galilea, en compañía de Jesús y del ladrón, Aquél se transfiguró, y no era lo mismo que la principio, antes de ser crucificado, sino que era luz por completo. Y los ángeles le servían continuamente, y Jesús mantenía conversación con ellos. Y pasé tres días a su lado, sin que ninguno de sus discípulos le acompañara, sino sólo el ladrón. 

2. Mediada la fiesta de los Ázimos, vino su discípulo Juan, y todavía no habíamos visto al ladrón ni sabíamos qué había sido de él. Juan entonces preguntó a Jesús: «¿Quién es éste, pues no me has permitido ser visto por él?». Mas Jesús no le respondió nada. Entonces él se echó a sus pies y le dijo: «Señor, sé que desde el principio me amaste; ¿por qué no me haces ver a aquel hombre?» Díjole Jesús: «¿Por qué vas en busca de lo arcano? ¿eres obtuso de inteligencia? ¿No percibes el perfume del paraíso que ha inundado el lugar? ¿No te das cuenta de quién era? El ladrón colgado de la cruz ha venido a ser heredero del paraíso; en verdad, en verdad te digo que de él sólo es hasta que llegue el gran día». Y Juan dijo: «Hazme digno de verle». 

3. Y, mientras Juan estaba aún hablando, apareció de repente el ladrón. Aquél entonces, atónito, cayó al suelo. El ladrón no conservaba la misma figura que tenía antes de venir Juan, sino que era como un rey majestuoso en extremo, engalanado como estaba con la cruz. Y se dejó oír una voz, emitida por una gran muchedumbre, que decía así: «Has llegado al lugar del paraíso que te estaba preparado; nosotros hemos sido designados por el que te envió para servirte hasta que venga el gran día». Y, al producirse esta voz, quedamos invisibles el ladrón y yo. Yo entonces me encontré en mi propia casa y ya no vi a Jesús. 

4. Y habiendo sido testigo ocular de estas cosas, las he dejado escritas para que todos crean en Jesucristo crucificado, nuestro Señor, y no sirvan ya a la ley de Moisés, sino que den crédito a los prodigios y portentos obrados por Él, de manera que, creyendo, sean herederos de la vida eterna y podamos encontrarnos todos en el reino de los cielos; porque a Él le conviene gloria, fuerza, alabanza y majestad por los siglos de los siglos. Amén. 



EL EVANGELIO DE JUDAS

El Evangelio de Judas

Estando Jesús reunido con sus Discípulos, le preguntó Santiago: "Maestro, ¿qué debemos hacer para comprender mejor su Mensaje?". 
El Maestro dijo: "Alrededor del Sol, hay muchos Planetas y cada uno de ellos ocupa su lugar y su distancia entre ellos y el Sol y entre los demás Planetas; así vosotros deberéis ocupar vuestro lugar y  distancia alrede­dor del Sol, procurando no estar ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Y entre Ustedes, mis discípulos, esto debe ser en equilibrio, permitiendo así, como los Planetas, que cada uno reciba únicamente la Luz que necesite para su propia sobre vivencia; habiendo concordancia en la Luz que viene del Sol y la Luz que viene del Padre". 
En este momento interrumpe Judas y le dice: "Maestro, sabemos que Usted es el Enviado del Padre, pero a nosotros ¿Quién nos ha envia­do?". 
Contesta el Maestro: "Mi Padre me ha enviado a Mí para enseñar a vosotros; mi Padre los ha enviado para que me escuchen". 
"La Parábola de quien da y de quien recibe, es semejante a una semilla que cae en la tierra, nace,  crece y fructifica y su fruto le es dado a quien sembró la semilla; así como Yo hago la Voluntad de mi Padre, vosotros también deberéis hacer la Voluntad de mi Padre, porque con vosotros somos UNO". 
Dice Judas: "Entendido, Maestro, pero,... si yo hago lo que Usted me enseña, ¿ya lo es todo?". 
Responde el Maestro: "Lo que Yo te enseño es para que tú lo vivas y así puedas llegar como Yo he llegado, a hacer la Voluntad de mi Padre". 
Judas, mostrando un poco de impaciencia, vuelve y replica: "Yo estoy haciendo lo que Usted me enseña, ¿indica esto que ya soy UNO con Usted?". 
Contesta el Maestro: "Nosotros somos UNO, como mi Padre es UNO conmigo, pero tú no puedes todavía hacer lo que Yo hago,.. Porque el Sol alumbra a todos sus Planetas, pero los  Planetas, ni aún todos reunidos, podrían dar ni una décima parte de Luz hacia el Sol; por eso es necesario que vosotros os convirtáis en vuestro propio  Sol, en  vuestra propia Luz, y así alumbrándose y alumbrando a otros, le corresponderíamos con nuestra Obra a mi Padre que me ha enviado". 
"Porque, sepan Ustedes, que las tinieblas no son más que partes que no están integradas ni con la Voluntad, ni con la Luz de quien me envió. Las tinieblas están en quien tiene parte con ellas, por eso hay que dar a la tierra lo que es de la tierra; a las aguas lo que es de las aguas; al aire lo que es del aire; al fuego lo que es del fuego y a la Luz lo que es de la Luz". 
"Así, vosotros comprenderéis que ni siquiera  estas carnes que tenemos, estos huesos que  tenemos, esta sangre que tenemos, esta mente que tenemos, nos pertenece; sólo nos pertenece,  por herencia de mi Padre, la Luz que os doy con mi Palabra. Por eso he dicho «Que la tierra y los  cielos pasarán, más mi Palabra no pasará»". 
"Porque la Palabra me la ha dado mi Padre para que ELLA lleve la Luz que a vosotros os falta y  puedan ser UNO conmigo, y YO seré UNO con mi Padre". 
Continuando, el Maestro dice a sus Discí­pu­los: "¿Qué creen Ustedes que debemos hacer para que el mundo nos comprenda?". 
Cada uno de ellos emitió su criterio. 
Judas replicó: "Yo creo que el mundo poco a poco entenderá cuál es nuestro propósito". 
El Maestro, dijo: "Judas, tú lo has dicho, pero dime ¿cuál es nuestro propósito?". 
Judas guardó silencio.  El Maestro volvió a interrogar: "Judas Iscariote, ¿cuál  es nuestro propósito?". 
Judas, levantando la mirada, le dijo: "Señor,... pienso que nuestro propósito es enseñar a la gente a hacer la Voluntad de quien le envió". 
El Maestro, mirando las estancias que habían a su alrededor, dijo: "Un rebaño de ovejas no obedecen a su dueño porque sean de él, porque él las ha pagado con sus denarios; obede­cen  a su pastor porque él se hace amigo de ellas, cuida de ellas, les da alimento y las defiende del lobo". 
"Así vosotros deberéis tener vuestro rebaño, cuidar de él, defenderlo de los lobos, más comprendedme, Judas, ese rebaño no os pertenece, no lo habéis comprado, porque él pertenece a quien me envió". 
"A ese rebaño debéis alimentarlo. El día que os propongáis dar alimento a vuestras ovejas, no llevéis en vuestra mano el látigo, llevad alimento, así este rebaño entenderá que os preocupáis de alimentarlo; mas cuando sepáis que cerca de vuestro rebaño anda el lobo, salid y llevad en vuestra mano el látigo para espantarlo de las ovejas; y llevad espada para que os defendáis, si fuese atacado". 
Replica Judas, y dice: "He comprendido, ... pero todo el mundo no está en este rebaño". 
Contesta el Maestro, y dice: "En una selva nacen muchos árboles de la misma especie, unos crecen demasiado y sobresalen de los otros; otros escasamente nacen, pero entre todos componen una selva". 
"Así vosotros deberéis comprender que hay que crecer sobre los demás en Espíritu sin que con  esto estemos separando los de menor crecimiento; sólo hace la Voluntad de mi Padre el que  ha crecido y no se deja dar sombra de los demás". 
Dice Judas: "Entendido, pero, ¿cómo sé si he crecido lo necesario para ya hacer la Voluntad de  mi Padre?". 
Replica el Maestro: "La Luz se identifica por borrar las sombras. Las sombras se identifican opacando la Luz". 
"Así vosotros comprenderéis que la Verdad es mi Padre. Cuando la hayáis encontrado, Ella no os dejará sombras ni en vuestras mentes, ni en vuestros corazones, por lo tanto, comprenderéis  que YO SOY LA LUZ". 
"El que esté conmigo y me tenga a Mí, no andará a oscuras y así habrá comprendido que, en la selva, es el árbol que no recibe sombra de los demás". 
"Recuerden que el viento sopla y mueve las ramas y las hojas del árbol y sólo desprende las  que  estén  maduras  o secas; así ese árbol queda despejado". 
"Así vosotros comprenderéis que el viento debe llevarse de Ustedes todo lo inútil, lo que no sirve, para que seáis purificados de todas las inmundicias que recogéis de la tierra". 
Estando el Maestro con sus Discípulos parados frente al lago NAGAFEC, dijo: "Los peces nadan con suma perfección, pero no pueden volar, ni tampoco caminar". 
Se acerca Judas y le dice: "¿Qué quieres decir con esto?". 
El Maestro contesta: "Hijos míos, el hombre es el Rey, por lo tanto, debéis aprender a cami­nar". 
Judas le dice: "Pero nosotros sabemos caminar". 
Contesta el Maestro: "Vosotros camináis porque Yo os he enseñado, porque YO SOY EL CAMINO,  nadie llega al Padre sino por Mí". 
"También vosotros deberéis aprender a nadar como los peces". 
Judas dice: "Es muy difícil hacerlo". 
El Maestro vuelve y observa el lago y dice: "El lago está tranquilo, sólo lo salpica el viento cuando sopla;  la vida es un lago que debe perma­necer tranquilo; si lo salpica el viento peligra el nadador. Por eso es que tú ves muy difícil nadar  como los peces; aunque el lago se salpique por el viento, el pez, en su interior, está tranquilo". 
En ese momento el Maestro miraba a los aires y veía a las aves volar y dijo: "¡Conque per­fección vuelan las aves!, así vosotros también deberéis aprender a volar como ellas". 
Judas lo interpela y dice: "Usted nos está hablando de cosas que para nosotros son demasiado difíciles". 
El Maestro le dice: "Judas, tú aprenderás estas cosas para que cuando Yo vaya a mi Padre tú las    hayas hecho y las enseñes a quienes crean en Mí". 
"Te digo que el hombre debe volar como las aves, porque el hombre es Espíritu y el reino del  Espíritu no está en la tierra". 
"Todo lo que os digo hoy, Ustedes no me entienden,  porque  vosotros habéis creído en Mí y estas cosas las hago Yo por Ustedes, pero cuando Yo vaya a mi Padre, mi Padre iluminará vuestro  enten­dimiento  para  que  vosotros  hagáis  por   la Humanidad lo que Yo he hecho por vosotros, y así se cumplirán las Escrituras y la Palabra de «Quien esté conmigo y escuche mi Palabra, también estará con EL que me envió y recibirá su Luz»". 
"Por lo tanto, os digo a vosotros, mis her­manos, que la muerte cuando llega desprende el Alma  de la materia y así el Alma no piensa más en la materia, porque para ella ya no existe; piensa en EL que la envió, espera en EL, confía en EL. 
"Por lo tanto, vosotros que habéis creído en Mí y escucháis mi Palabra, debéis despojaros de lo que no os corres­ponde para que en Espíritu os elevéis al seno de mi Padre". 
Replica Judas: "De lo que tenemos aquí, ¿qué no nos corresponde?". 
Contesta el Maestro: "Ya os he dicho que ni vuestros hue­sos, ni vuestras carnes, ni vuestros padres,  ni vuestros hijos, ni lo que habéis aprendi­do de vuestros antepasados os sirve, ni os corres­ponde". 
"Sólo la Palabra que ha abierto las puertas de vuestro Espíritu y os ha llevado a beber de la fuente de  la  Sabiduría,  será  la que os conduzca  por lo desco­nocido; lo que no conoce vues­tra mente, ni vuestro yo, porque ellos no podrán llegar donde Ustedes, como Espíritu, han de llegar". 
Estando el Maestro con sus Discípulos en casa de Marta, les dice: "Os voy a enseñar a vivir  como el aire, como la tierra, como las aguas y como el fuego". 
Se acerca Judas y le dice: "Maestro, ¿no será conveniente que estas cosas se hagan en otro lugar?". 
El Maestro le dice: "Judas, nosotros somos UNO SOLO, hoy hacemos estas cosas aquí, tú más tarde las harás en un lugar secreto para que no se profanen, porque.... ¿qué sacamos con darle de comer a un cerdo en un alfaro nuevo?; ensucia la comida y ensucia el alfaro". 
"Para vosotros la Palabra es alimento, por lo tanto, os digo: «Aprended de Mí para que enseñéis  textual como os enseño»". 
Se dirigió a todos y dijo: "Vosotros veis la tierra quieta, mas ella gira alrededor de la Vida, que  es el Sol". 
"Nosotros estamos aquí quietos como la tierra,  pero  espiritualmente  no  estamos  quietos; estamos girando alrededor de la Vida, por lo tanto, en estos momentos somos la Tierra que da  alimento a la Vida que es el Espíritu". 
Se detuvo un momento y dijo: "Todos nosotros, en este momento, somos el Aire, porque nos despojamos de una materia que es tierra y volamos por los aires con la libertad del Espíritu....." 
Guardó un poco de silencio y dijo: "Nosotros todos, en este momento, somos el Agua, porque nos  hemos convertido en la fuente eterna del Espíritu; de ella bebemos para nutrir el cuerpo y calmar la sed del Alma....". 
Guardó un poco de silencio y dijo: "Todos nosotros, en este momento, somos un Fuego abrasador, porque nos hemos convertido en el Fuego del Espíritu que a todos nos devora, nos limpia y nos purifica". 
"Así, queridos hermanos, nuestros cuerpos y nuestro Espíritu se integran para prepararnos hacia la Resurrección". 
Le dice Judas: " Maestro,  nosotros sabemos que todo lo que Usted hace es para que nosotros  también  lo  hagamos, pero.... ¿cuándo lo podemos hacer?". 
El Maestro le dice: "Todos vosotros sois UNO conmigo y estas cosas podéis hacer, pero hoy no las hacéis porque Yo estoy con vosotros". 
"Cuando Yo vaya a mi Padre, vuestro Padre vendrá a vosotros y seréis como Yo y haréis todas estas cosas y muchas más". 
Contesta Pedro y le dice: "Maestro, Usted resuci­ta muertos, cura leprosos, saca demonios de los poseídos, ¿por qué no nos enseña a hacerlo?". 
El Maestro contesta: "El Discípulo no es más que su Maestro, pero es justo que aprenda lo que se le enseña". 
"Una medicina no es más que la enferme­dad, pero, por la gracia de Dios, cura". 
"Vosotros erais muertos que Yo resucité; erais leprosos que Yo sané; erais poseídos de de­monios que Yo os saqué; erais ciegos y Yo os puse a ver; erais sordos y Yo os di oídos; andabais a oscuras  y Yo os he dado la Luz".   
Dice Judas: "Maestro, y ¿cómo hacemos para que el mundo nos crea lo que nosotros hemos vivido, lo que nosotros hemos visto, como testimo­nio?". 
Dice el Maestro: "Dos higueras nacen en el huerto, una de ellas no da frutos, la otra da mu­chos frutos;  ¿a cuál de las dos se acerca el que tiene hambre?". 
"Así vosotros debéis hacer, dar buenos frutos para que el que tiene hambre llegue donde vosotros a alimentarse de vuestros frutos". 
Dice Judas: "Maestro, entendido, pero tengo dudas de mí mismo, pienso que el día que esté solo,  lejos de su presencia, no lo pueda hacer". 
Contesta el Maestro: "Antes de que Yo me retire, tú tienes que haber muerto". 
Contesta Judas, diciendo: "Pero por su Gracia yo he resucitado de entre los muertos". 
Y dice el Maestro: "Sí, así es, pero necesitas morir  nuevamente, y para esto es necesario que tú te dediques a eliminar tus sombras; a eliminar lo que  has  sido; a eliminar lo que otros han pensa­do de ti y tú has creído; a eliminar tus pensamientos que son los que te alejan de la capacidad que ya tienes por mi Gracia". 
Estando el Maestro reunido con los Discí­pu­los, les dijo: "¿Quién de vosotros me dice lo que debemos hacer en el día de mañana?". 
Unos opinaron: "En el día de mañana es­taremos en el Templo"; otros: "En el día de mañana estaremos en ayuno". 
Dijo el Maestro: "El Hijo del Hombre es como el Sol, al que tiene frío le da calor; es como las nubes, donde hace falta lluvia, lleva el agua; es como la madre amorosa, cuando el hijo  tiene hambre, le alimenta". 
"Así pues, el día de mañana estaremos dando de comer al hambriento, dando de beber al sediento, dando calor a quien tiene frío, para que se cumpla la Palabra: «Que todo lo que está bajo el Sol, ha sido creado por el Señor y sólo EL velará por sus criaturas e hijos»". 
"Por eso os digo que si no tenéis una ofren­da para Dios, velad primero que si alguien ha tenido hambre y no le disteis de comer;  ha tenido sed y no le disteis de beber; ha tenido frío y no le disteis  abrigo.  Esa  ofrenda  que llevas, aún no la presentes todavía, porque sería inútil dar a Dios una ofrenda que se la hemos negado a nuestro hermano". 
Replica Judas y le dice: "Maestro, pero la Ley de Moisés nos enseña a amar a Dios sobre todas las cosas y Usted nos manda a servir pri­mero al hombre". 
Y el Maestro contestó: "¿Qué Padre justo y sensato se sentaría a la mesa a comer, si sus hijos tienen hambre". 
"Así mismo es el Padre: esto nos hace enten­der la trascendencia que tiene para nosotros la Vida que llevamos, cómo la vivimos, cómo nos comportamos" 
Salió el Maestro al campo con sus Discípu­los y en el camino le salían muchas personas a consultarle, otros le seguían. 
Cuando llegaron a la cima del Monte EHOS, el Maestro se detuvo y miró a la multitud y dijo a sus Discípulos: "Estas gentes buscan curar sus males". Mandó que se sentasen y empezó a hablarles..... 
Pasaron las horas y Pedro se le acercó y le dijo: "Maestro, estas gentes buscan ser curadas y ya es tarde y son muchos". 
El Maestro guardó silencio y continuó hablándoles...... 
Pedro se acercó a Judas y le dijo: "El Maestro dijo que estas personas necesitaban ser curadas,  es tarde y son muchas". 
Judas se acercó al Maestro y le dijo: "Maestro, se hace tarde y los enfermos son muchos". 
El Maestro le miró y le dijo: "Judas, cuando tú  tienes  hambre,  buscas  pan  para  alimentar­te; cuando tienes sed, buscas el agua para calmar tu sed". 
"Así la Palabra del Hijo del Hombre es el Pan que calma el hambre, es la fuente para calmar la sed". 
Replica Judas y dice: "Maestro, eso yo lo entiendo, pero ellos tienen enfermedades, muchas de ellas inmundas". 
Replica el Maestro: "Quien come del Pan y bebe el Agua de la Vida Eterna, nunca volverá a tener hambre ni sed y sus males desaparecerán de él, porque tiene en su interior la Gracia que la  Palabra le ha dejado...." 
"Quien tiene un cultivo de trigo, primero retira las malezas, posteriormente, le pone riego, no sea que con el riego se alimenten también las malezas". 
"Así el Hijo del Hombre, primero retira las malezas del Pueblo y, posteriormente, le da a tomar de la Fuente de Vida que le curará todos los males". 
Dice Judas: "Maestro, lo entiendo, pero se hizo tarde, es necesario regresar porque la noche nos  hace difícil el camino". 
El Maestro contesta: "La noche se ha hecho para el descanso, pero el Hijo del Hombre, en las noches, vela por su Pueblo". 
"Así que vosotros, mis Discípulos, estaréis conmigo en vela para que estos chiquititos puedan descansar en paz". 
Dice Judas: "Maestro, todos estamos lejos de los lugares de descanso, estamos en el campo". 
El Maestro contesta: "Hijo mío, lo único que necesitas para descansar bien es estar en Paz....". 
"Porque,.... ¿qué sacas con estar en el lugar de tu descanso, si no tienes Paz?, aquí estamos en Paz, por lo tanto, lo único que necesitamos es descansar". 
Se acerca Judas a los demás Discípulos y les dice: "El  Maestro ha ordenado que descan­semos aquí esta noche y no regresar a nues­tros lugares". 
Los Discípulos todos opinaron que era necesario hablar con el Maestro y regresar a los lugares de  destino. 
Se acercaron al Maestro y le dijeron: "Maestro, estamos en el campo, hace frío y somos mucha gente". 
El Maestro les dice: "Hijos míos, si vosotros estáis conmigo, debéis estar con mis Hermanos, (señalando a la multitud)". 
"A vosotros os es fácil regresar a vuestro destino, conocéis el Camino y Yo os he enseñado a andar a oscuras, mas a estos pequeñitos, no.". 
"El frío que hace aquí, sólo nos hace sentir las carnes; el hambre que hace aquí, sólo nos hace sentir una necesidad; pero la Palabra nos une con el Padre". 
"Así se cumplirá la Palabra que dice: «Quien tiene la Palabra, nada le hace falta porque en Ella está contenido el alimento y la medicina»". 
"Hijos míos, cuando el cuerpo descansa en paz, el Alma nos reconforta y en este momento, mi Alma es su Alma". 
Yendo Jesús con sus Discípulos hacia Cafarnaum, les dijo: "Hijos míos, este camino nos llevará a un lugar muy distante de aquí". 
Se acerca Pedro y le dice: "Maestro, ¿cuál es la finalidad de este viaje?". 
El Maestro le contesta: "Pedro, iremos a predicar la palabra a nuestros hermanos que, como vosotros, anhelan conocerme y conocer a quien me envió". 
Se acerca Pedro y le dice: "Maestro, ¿es que en Cafarnaum está quien le envió?". 
Contesta el Maestro y dice: "Quien me envió está aquí con vosotros. EL ES LA VERDAD. Yo os digo a vosotros, hermanos, que la VERDAD y la PALABRA son la misma cosa, pero es más fácil conocer la Palabra que conocer la Verdad. La Palabra se oye y parte de ella se com­prende, más la Verdad no se puede oír, ni se puede ver porque es la Luz que ilumina nuestro Espíritu; en ella está la Verdad. Yo os enseño la Palabra, más mi Padre les ense­ñará a conocer la Luz, porque EL ES LA VERDAD". 
Dice Judas: "Maestro, todos nosotros le acompañamos donde va a predicar y le aprende­mos sus enseñanzas, pero, ¿no sería mejor que las gentes vinieran a nosotros y no nosotros ir a las gentes?". 
Contesta Jesús: "Las aves de rapiña y los zorros duermen en sus cuevas y guaridas y sólo salen de allí cuando tienen hambre, a buscar qué comer. Así es el hombre. Sale al campo y a las  ciudades a buscar el pan para saciar su hambre, porque su cuerpo lo necesita, pero no busca al Hijo del Hombre que le dará a comer el Pan de la Sabiduría". 
"Los hombres tienen hambre de lo que el mundo brinda, mas vosotros tenéis hambre de lo que mi Padre os da: Sabiduría y Amor; por lo tanto, debemos ir donde ellos a darles de vuestro alimento; así ellos, más adelante, vendrán a buscar el alimento que mi Padre os da". 
Dice Judas: "Maestro, hay ciudades más cerca donde podemos ir a predicar la Palabra". 
El Maestro le contesta: "Judas, hijo mío, con un denario podéis comprar cien panes; un pan abastece  a uno de vosotros, cien panes abastecen a cien de vosotros. Así, pues, debemos buscar donde se puedan abastecer más almas que necesiten de mi Palabra, porque ellas, cada una, pondrá un denario, y cien serán cien denarios que alimentarán la necesidad de cien más, y así mi Palabra será oída por cien que me escuchan y   cien que no me escuchan; cumpliéndose así la Escritura que dice: «Dos mujeres están moliendo, una será tomada y otra será dejada»". 
Le dice Judas; "Maestro, todo aquel que escuche su Palabra, ¿será redimido?". 
Replica el Maestro: "Mi Palabra es Vida, el que la escuche y la hace, será UNO conmigo; el que la   escuche y no la hace, será como aquel que emprende un camino por el desierto y como al momento de salir no tiene sed, no lleva agua para beber en el camino; donde le dé sed, se sentirá morir y ni siquiera tendrá fuerzas para regresar al punto de partida; por eso os digo, hijos míos, que deberéis beber todos los días de la fuente de la juventud y de la sabiduría para que nunca, aunque andéis por el desierto, volváis a tener sed". 

LA  PALABRA
Estando Jesús reunido con una multitud, entre la cual estaban sus Discípulos, EL predicaba su Mensaje y decía que el Hijo del Hombre era semejante al aire que sólo dejaba de activar la vida en una persona cuando sus funciones vitales cesaban en ese organismo, que así era su Misión.
Se acercó Judas y le dijo: "Maestro, sabe­mos que muchos de estos nos atacan y lo atacan a Usted; nos rechazan y rechazan su Doctrina". 
El Maestro le dijo: "Judas, comprende que así es, pero mi reino no es de aquí; en cambio estas gentes son de aquí". 
"Te digo que no pienses así para que no seas como ellos que son de aquí". 
"La Palabra se oye por un instante y desaparece; cuando las gentes la van a interpretar, no hay  en ellos  de esa palabra sino un recuerdo de lo que escucharon". 
"Es posible que algunos le den la razón a la Palabra, otros le quiten la razón, pero, ante mi Padre,  ni  los  unos,  ni  los  otros  tienen la razón, porque el eco de la Palabra que han escuchado ya se ha ido y no queda en ellos sino un recuerdo de lo que han oído". 
"Por lo tanto, os digo, hijos míos, que estéis atentos, con ojo avizor para que, cuando escuchéis la Palabra que viene de Mí, tengáis las puertas de vuestro entendimiento abiertas y no me rechacéis como estos otros; no vaya y sea que cuando queráis escuchar la Palabra ya me haya retirado a mi Padre y entonces vosotros, como estos, sólo tendréis un recuerdo de lo que escuchasteis; sin embargo, mi Palabra seguirá siendo como la fuente de aguas cristalinas en la que «Quien bebiera, calmará su sed»". Guarda silencio el Maestro. Interpela Judas y le dice: "Maestro, si eso es así, cuando Usted se retire, ¿quién tendrá la Palabra que viene de su Padre?". 
Contesta el Maestro: "YO SOY LA PALABRA. El que encarne la Palabra me tiene a Mí; pero no   olvides, Judas Iscariote, que vendrán muchos en mi nombre diciendo que tienen la Palabra. Estos serán impostores porque la Palabra que viene  de mi Padre, sólo YO la digo; así pues, todo quien diga tener la Palabra y no me tenga a Mí, es como el que se baña con el agua que muchos se han bañado; no es pura, está llena de impurezas, por lo tanto, no limpia, quizás ensucia más". 
"Así, hermanos míos, vosotros deberéis cuidar la Palabra como me cuidáis a Mí, porque en Mí como en la Palabra, está la Sabiduría que viene de mi Padre". 
Le dice Judas: "Maestro, la Ley de Moisés dice  No jurar en vano, ni en nombre de Dios, ni de la tierra, ni de los cielos -, quiere decir que quien haga esto ¿ya se ha unido a Ti?". 
Le contesta el Maestro: "Hijos míos, a un prisionero le amarran grillos en los pies y en las manos para que no pueda hacer movimientos libres, ni andar; así también le sucede a todo el que adentro tenga a Satanás. Nunca podrá hacer la Voluntad de mi Padre, porque EL se lo impide". 
"Si no puede hacer la Voluntad de quien me envió, tampoco podrá tener la Verdad que SOY YO y  su Palabra sólo hablará de lo que tiene en su corazón". 
Dice Judas: "Comprendido Maestro, si eso es así nosotros lo entendemos y lo hacemos, pero esta multitud ni lo entiende ni está dispuesta a hacerlo, entonces ¿para qué los tenemos aquí?". 
Dice el Maestro: "Dios hizo los cielos y la tierra, El me ha enviado a Mí. Hizo las aguas para calmar  la sed, hizo la tierra para que sobre ella anduviéramos y diera frutos para alimentarnos; hizo el aire  para respirar y vivir; hizo el sol para que nos diera luz y calor; creó rebaños de ovejas; hizo los pájaros  del campo, creó las fieras de los bosques, las aves de rapiña; todos ellos comen del fruto de la tierra,  necesitan de la luz y del calor; toman el agua para calmar la sed; respiran el aire para vivir". 
"Así es el hombre, sin embargo, entre sí se persiguen los unos a los otros". 
"Yo vine al mundo para dar de comer al hambriento con el pan de la Sabiduría, para dar de   beber al sediento de las aguas puras; para mostrarle la luz y darle calor al desnudo y para que respire el hálito porque SOY LA VIDA". 
Dice Judas: "Maestro, Usted nos habla de todas estas cosas, pero a la vez, cada día, nos repite que algún día se retirará de la tierra. Pero si Usted es LA VERDAD, EL CAMINO Y LA VIDA, después de irse, ¿qué VERDAD nos deja?; ¿qué CAMINO nos deja si no existe?; qué VIDA nos deja si Usted se retira?". 
Contesta el Maestro y dice: "Judas, mi corazón se conmueve al escuchar tus palabras. Por tus preguntas comprendo que eres chiquito; pero te digo, después que Yo me vaya, sobre vosotros llegará el Espíritu de Verdad que os corresponde a cada uno y EL os enseñará y os hará vivir todo cuanto os enseñé, y así se cumplirán las Escrituras que dicen «Que debemos permanecer alertas porque el Espíritu de Dios en cualquier momento llega, sólo  necesitamos estar preparados »" 
Estando Jesús en casa de Marta con sus Discípulos, llega María Magdalena y le dice:   "Mi prima va a dar a luz, le manda a llamar". 
El Maestro se levanta y sale; se le acerca Judas y le dice: "Maestro, ¿será de tanta necesidad la ida suya?, .... y la enseñanza que nos está dando ¿cuándo nos la va a dar?". 
Contesta el Maestro: "Judas, la Vida y la Muerte son una misma cosa; sólo se diferencian en que, quien tiene Vida eterna, nunca muere y quien no la tiene, se va y no regresa". 
Dice Judas: "Maestro, y ¿qué tiene que ver esto con el parto de Sara?". 
El Maestro dice: "Judas, el parto es una cosa, pero la Vida que nace es otra". 
"YO SOY LA VIDA y estoy donde está la Vida; YO SOY LA PALABRA y vosotros deberéis estar donde esté la Palabra". 
"La enseñanza que os doy aquí, en casa de Marta, es la misma que os voy a dar en casa de Sara. Porque vosotros hoy estáis conmigo, moriréis y volveréis a nacer y si continuáis  conmigo, os doy la misma enseñanza, porque YO SOY LA PALABRA, y recuerda Judas:   «Los cielos y la tierra pasarán, pero mi Palabra no pasará»". 
Llegando donde Sara daba a luz, se detuvo y les dijo a los Discípulos: "Vosotros deberéis  aprender a respetar la Vida porque sois la Vida como YO". 
"El que es digno y muere, mi Padre le recibe en el cielo y vosotros ¿de qué os preocupáis?". 
"El que es indigno y muere, el Demonio le recibe en el infierno, ¿para qué os preocupáis?". 
"El que nace en la tierra debemos recibirlo, darle afecto y cariño y enseñarle la Palabra para que se haga Hijo de mi Padre, como vosotros". 
"Así comprenderéis todos que un Pastor vive pendiente de las ovejas preñadas para que el ternerillo, al nacer, no lo devoren las aves de rapiña". 
Guardó   silencio   el  Maestro  y, viendo   al recién nacido, respiró profundo. Judas le dijo: "¿Qué le pasa Maestro que respira profundo?". 
El Maestro le miró y le dijo: "Judas, el aire que circunda la tierra es la Vida que YO represen­to; es tanta la abundancia de este que toda criatura respira de él y nunca se agota". 
"Así mismo es la Sabiduría que viene de mi Padre; todo el mundo la tiene en mayor o menor proporción y nunca se agota; lo contrario, se acrecienta más en todo hombre que me escucha a Mí". 
Le dice Pedro: "Maestro, yo estoy sorprendi­do de todo lo que nos enseña. Pienso que no podremos practicarlo todo". 
Le dice el Maestro: "Pedro, cerca de la ciudad pasa un río; todas las personas de esa ciudad beben de esa fuente; se bañan con esa agua, preparan sus alimentos con el agua de ese río. El río nunca se agota, sin embargo, todas las personas disponen del agua que necesitan para  sobrevivir". 
"Así vosotros beberéis de esa agua, os bañaréis con esa agua, es decir, tendréis el agua que necesitéis; daréis de beber a vuestros invitados, mas la fuente no se secará, ni el río mermará su cauce". 
"Así pasa con mi Palabra; cada quien la recibe como una fuente inagotable de Vida; por muchos que beban, nunca se agotará, porque es mayor el cauce que el consumo". 
Regresó el Maestro con sus Discípulos a casa de Marta. Llegando allí los invitó a sentarse y empezó a hablarles y les dijo: "Estamos compla­cidos de haber presenciado hoy un nacimiento. Es un acontecimiento que nos hace ver la Gracia de mi Padre; sin embargo, este nacimiento tiene que ver con este mundo de pecado". 
Le dice Judas: "Maestro, sabemos que quien le envió es sin mancha y lo que EL hace, lo hace sin mancha; ¿por qué nos dice que el nacimiento que acabamos de presenciar tiene que ver con la Gracia de su Padre y se ha sucedido en este mundo de pecado y por el pecado?". 
El Maestro le dice: "Judas, el pecado lo hizo por  un proceso original, pero el pecado es Muerte; él no hubiera podido infundirle Vida a esa criatura. Por la Gracia de mi Padre tiene Vida, aunque haya sido hecho de pecado". 
Dice Judas: "Maestro, si eso es así, enton­ces nosotros que somos UNO con Usted y estamos en el mundo, ¿cargamos las mismas culpas y somos hechos de pecado?". 
Dice el Maestro: "Cada uno de vosotros habéis sido hechos de pecado y por el pecado, por lo tanto, es que ni los huesos, ni las carnes, ni la sangre heredarán a mi Padre, sólo lo  incorruptible que es el Espíritu. Después de purificados, seréis UNO, con EL que me envió". 
"Así vosotros, también, seréis UNO conmigo y así como YO me he vestido con una carne,  con unos huesos y con una sangre incorruptible para continuar con vosotros, así también vosotros deberéis vestiros con unas carnes, unos huesos y una sangre incorrupti­ble para  poder llegar donde YO he llegado".

ENRIQUE OLIVA SOBRE JUAN XXIII Y LOS PASTORES DE LA ÉPOCA

Escrito y difundido hace más de 50 años
“DUOS TESTES HABET ET BENE PENDENTES”

POR ENRIQUE OLIVA

La frase del título, que en latín quiere decir “dos testículos tiene y bien puestos” no es una expresión estética ni de intención grosera. Se trata de la fórmula con que desde los balcones del Vaticano un cardenal anuncia al pueblo la designación de un nuevo Papa, luego de la tradicional fumata.

Esas palabras definen la viril función de lucha y valentía que cabe a los pastores, quienes son defensores, cuidadores de rebaños. Vale pues la pena recordar en la Argentina este concepto, pues vemos que aquí nuestros pastores hacen amistad con los lobos y nos abandonan a sus voracidades. Al decir esto, no cometemos ninguna irreverencia. Y tampoco somos obsecuentes cuando aplaudimos las actitudes de Juan XXIII, siempre celoso partidario de las masas populares.

El Santo Padre nunca tiene inconvenientes en recordar con orgullo su vieja amistad con Evita, a quien trató en París, cuando era Nuncio del Vaticano. Sin embargo, nuestros monseñores actúan como Pilatos. Juan XXIII, a cuanto argentino lo visitó (desde Aramburu a Frondizi para abajo), les preguntó por los restos de Evita exhortando a la inmediata devolución a sus familiares para recibir cristiana sepultura. Pero aquí la jerarquía eclesiástica no se da por enterada y hasta parece cómplice de tamaña herejía.

El Sumo Pontífice habla a menudo de reforma agraria, de la explotación de los países subdesarrollados, de la prensa amordazada y mentirosa, de los derechos de los trabajadores, de salarios justos, de participación en las ganancias, de tolerancia religiosa, de cooperativismo y de mil cuestiones candentes sobre problemas reales y concretos, con sus pies de campesino sobre la tierra firme, aquí y ahora (hic et nunc). 

El conoce muy bien los peligros de su línea. Es el Papa más popular de todos los tiempos, pero sus sabios conceptos hacia Cuba (la Cuba real de Fidel Castro) y sus coincidencias con el Kremlin, especialmente en la lucha por la paz, le crean un enemigo feroz: el imperialismo, que lo trata mal o ignora sin piedad. Nada de eso lo desanima, ni aun las conspiraciones intestinas en el propio Santo Oficio, pues… bene pendentes.

La positiva franqueza de Juan XXIII nos autoriza a los cristianos a hablar con la misma valentía para decir cosas siempre pensadas y nunca expuestas públicamente. Resulta pues necesario que nuestro clero local sepa de una buena vez que sus pastorales son ladrillos indigeribles de vaguedades imposibles de descifrar.

Alguien escribió que “con el tiempo los dioses se hacen más inteligentes” y ello cabe también a los creyentes. Esa verdad justifica la desaparición de deidades absurdas. Y si a esta altura de la historia la jerarquía católica no trata a su grey con la elevación y respeto que merece la cultura y los avances de la época, continuará desmereciendo la seriedad de sus miembros.

Las mayorías humildes y explotadas del país desearían ver a sus pastores al frente de las luchas contra sus enemigos. Al menos, se conformaría con una tibia comprensión de sus dolorosos problemas. Más por el contrario, se los observa siempre al lado de los lobos, chacales y gorilas. Eso no quita que existan numerosos curitas gauchos con las cuales el pueblo se siente identificado y comprendido, pero estos no llegan a obispos.
Juan XXIII ha recibido tanto al patriarca ruso y Jacqueline Kennedy como a los Globe Troters y a un circo ambulante. Pero en la Argentina ningún humilde obtiene audiencia con los cardenales.

Los familiares de los presos conintes (trabajadores que llevan años de inicuo confinamiento) cuando han pedido intervenir a sus pastores, sólo  aconsejaron  rezar y esperar justicia… en el otro mundo. En cambio, cuando son detenidos golpistas, entonces Su Eminencia no reza; corre a la Presidencia y gestiona libertades.

El anciano Papa, en sus pocos años de reinado espiritual, según Time del 4 de enero, se ha hecho lugar entre sus múltiples ocupaciones para efectuar 139 salidas del Vaticano para visitar orfanatos, hospitales, cárceles, escuelas, etc. actividad para la cual nuestro Cardenal y Obispo no tiene tiempo. (Aclaremos: esto se escribe con dolor desde la celda de confinamiento de un cristiano, a 1300 kms. de su hogar, hogar del que estuvo ausente cuando bautizaron a su hija menor y cuando celebraron la primera comunión otros dos hijos).

Hay mucho que se observa y calla. Los párrocos advierten que declina la asistencia de fieles a los templos y que un fermento de recelo crece contra el clero, mejor dicho contra la jerarquía, la que bendijo las bombas homicidas de junio de 1955 y calló ante los fusilamientos de 1956, la que condenó a los “terroristas” peronistas por una pastoral, pero halagando a los terroristas castrenses que producen más muertes y daño sin justificación alguna y sin castigo.

Los más sagaces, los estudiosos que saben historia, comprenden que el mundo vive un momento de grandes transformaciones. A raíz de ello Juan XXIII desea “poner a la iglesia a tono con el siglo XX”, mientras aquí se nos pretende hacer retroceder aun más. Pero nada atajará el proceso y cuando pierdan el tren quedarán sin vigencia.

La jerarquía de la Iglesia está mintiendo con su accionar diario de la neutralidad, según sus palabras, “no ha entendido en un sentido puramente pasivo, como si el deber del Papa se limitase a observar los acontecimientos y a mantenerse en silencio…”.

Para actuar como pastor se requiere grandeza, valor y plena conciencia de esa misión de milicia y lucha. A quienes crean que no es así, le refrescaremos algo la memoria, con las palabras sagradas. Israel quiere decir “Dios pelea”. En el Exodo (XV) Moisés llama a Jehová “Fortaleza del Pueblo”, “Varón de Guerra” y “Vencedor de la Caballería Egipcia”. Asimismo, Jehová es “Jefe de los Ejércitos de Israel” y su tarea era combatir la opresión y la injusticia. Macabeo significa “martillo”, “martillo para machacar a los enemigos”. Y Judas Macabeo ben Matatias castigaba implacablemente a todos los pueblos paganos que vejaban a los judíos, llevando esta inscripción en su estandarte: “La mejor forma de bendecir a Dios es combatiendo al tirano”. Y dice: “Aparejados estamos a morir antes que violar las leyes patrias que Dios nos ha dado”.

Hasta las mujeres se han desempeñado con las armas en la mano. Baste recordar a Santa Catalina, Patrona de Roma, que en defensa del Papa se convirtió en lo que hoy llamaríamos guerrillera, o Santa Teresa de Ávila luchando por las murallas de su ciudad. Y también podríamos mencionar a Santa Juana de Arco.

Más no es sólo en la Biblia donde a diario hallamos ejemplos edificantes. En el mundo de hoy también los encontramos pero fuera de nuestras fronteras. Del caso del Papa, ni qué decir. Además, vimos la heroica actitud del Obispo de Goa (enclave colonial en la India), al enfrentarse a los ocupantes portugueses.

En varios países de América el clero apoya la reforma agraria. En Chile, hace un año que la Iglesia comenzó a ejecutar un plan para vender todas sus tierras propias, sin excepción, a quienes la trabajan diariamente, pagaderas en 30 años. Y en el vecino Brasil el anciano Cardenal Arzobispo de Río de Janeiro, Jaime de Barros Cámara, goza de inmensa popularidad porque él personalmente reclama la liberación de los humildes. 

Este prelado bien americano llama a las cosas por su nombre y acaba de declarar que “la Alianza para el Progreso está muerta”. Y agregó: “Nuestros ricos en Latinoamérica piden muchas reformas pero llaman comunistas a aquellos que deciden llevarlas a cabo. Ellos continúan poseyendo el 80% de la tierra; y en todos los casos, defienden a las dictaduras impuestas, controlan parlamentos y sus grados de idealismo y fe en el futuro está medido por sus depósitos en Estados Unidos y bancos europeos”.

Expresándose en estos términos se procede ad mejorem gloria dei (para mayor gloria de Dios). ¡Cómo nos gustaría que nuestros Cardenales hablaran así! ¡Con qué orgullo diríamos aquí los católicos argentinos como en San Pedro: “¡Duos testes habet et bene pendentes”!

Cárcel de Resistencia (Chaco) mayo de 1961.

Nota del editor

Enrique Oliva (1923-2010) fue un destacado periodista, escritor, docente y militante peronista. Conocido también por su seudónimo (François Lepot), Oliva, fue corresponsal del diario Clarín en Europa y entre otras personalidades, entrevistó a la ex primera ministra india Indira Gandhi y al actual presidente y ex primer ministro israelí Simon Peres. También entrevistó al líder del sindicato Solidaridad Lech Walesa durante la huelga de los astilleros Lenin, de Gdansk, en Polonia, preludio de la caída de la ex Unión Soviética.
Oliva fue el primer periodista argentino que pisó las Islas Malvinas luego de la Guerra del Atlántico Sur, en 1986. Además, cubrió diversas giras del Papa Juan Pablo II y la guerra Irak-Irán en 1980, la caída del Muro de Berlín, trabajó en la India, Corea del Sur y Filipinas.
Formó parte de la Resistencia Peronista y dirigió el periódico "El Grasita". En 1956 fue detenido y se exilió en Venezuela, donde estuvo junto al derrocado presidente Juan Perón. A su regreso al país volvió a ser detenido, en 1960, y estuvo preso cuatro años. La dictadura militar instalada en 1976 secuestró a dos hijos luego liberados. Luego de ello se exilió en Francia.
Miembro de Número de la Academia Nacional de Periodismo, Oliva se doctoró en Ciencias Políticas, fue uno de los primeros funcionarios del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), secretario general de la Universidad Nacional de Cuyo y rector fundador de la Universidad Nacional del Neuquén, hoy llamada del Comahue.
Entre sus numerosas obras ("La vida cotidiana", "De Gandhi a Goa" y "Malvinas: el colonialismo de las multinacionales", entre otras) se destaca "El rey de Araucanía y la Patagonia", que le valió una demanda, luego retirada, en los tribunales parisinos por parte de Phili
ppe Boiry, autoproclamado rey de la Patagonia.




SOBRE LA CONTEMPLACIÓN EXTÁTICA

                     Breve sobre la contemplación extática
                                                                                               
por Alberto Buela (*)

En estos días tuve que viajar a la universidad de Rosario y de allí a San Luis en ómnibus, y como es sabido que las esperas en las terminales, para hacer las combinaciones, son largas y tediosas, tomé un libro al azar de mi “biblioteca no leída” y partí.

Ya cuando llegué a la estación Liniers el ómnibus, que venía de La Plata, llegó con una hora de demora. 

Busqué el libro para matar el tiempo y eran las contemplaciones  sobre la vida de la virgen María de la mística alemana Ana Catalina Emmerich (1774-1824) quien ha sido caracterizada como una mística contemplativa extática. 

Y allí me pregunté: ¿qué hacía este libro intonso en mi biblioteca y que podía hacer ahora con él?. De modo que comencé, como todo “sobaco ilustrado”, a mirar cuándo y como había sido impreso y quienes eran los traductores y editores. 

El libro fue editado en 1944 por Espasa Calpe en Buenos Aires. Años de una Argentina poderosa intelectualmente. Desde el punto de vista filosófico nunca más ni nunca antes tuvimos una generación de filósofos como la que floreció en los años 40.

Veo que fue redactado por el gran poeta y novelista romántico alemán Clemente María Brentano (1778-1842), hijo de Maximiliana La Roche, de la que Goethe estuvo enamorado en su juventud, y de Antonio Brentano, rico comerciante de Frankfurt venido de Como (Italia).

Su hermana Bettina escritora romántica se casó con von Armin, también escritor renombrado. Sobrinos suyos fueron el filósofo Franz Brentano, el descubridor de la intencionalidad de la conciencia que tuvo infinidad de notables discípulos (Husserl-fenomenología-, Freud-psicoanálisis-, Meinong-teoría del objeto-, von Ehrenfels-gestalt-, etc.) y  Lujo Brentano, primer experto en economía social.

En una palabra, la familia Brentano fue en Alemania durante todo el siglo XIX de un peso específico muy grande en orden a la cultura, sobre todo en su tradición católica, tan perseguida y denostada desde Lutero (1516) hasta (1890) Bismark y su Kulturkamft . 

Y allí me lo puse a leer. 

Ana Emmerich es una de las últimas místicas contemplativas extáticas. Es decir, aquellos seres que en su contemplación salen de sí y se unen a Dios, pues tienen el don de “ver  y sentir personalmente lo que meditan”, en la genial definición de Cemente Brentano.

Así su ángel de la guarda se le aparece bajo una forma infantil del Buen Pastorcillo y la guía por todo el mundo liberando cargas y males en los pobres e inocentes  pero, sobre todo, le permite ver y sufrir la Dolorosa Pasión y la Vida de la Santísima Virgen. 

Brentano quien a partir de 1818 se retira al monasterio de Dulmen donde estaba Ana Catalina, que era analfabeta, toma nota al pie de su cama y luego se los lee, de todos los relatos de la Beata hasta su muerte en 1824. Pero como Clemente había sido una de las mejores cabezas de la Alemania de su tiempo y contaba con un grupo importante de amigos investigadores en las más diversas disciplinas, alienta a varios antropólogos culturales a investigar los dichos de Emmerich. Así el gobierno turco otorga permiso para buscar la casa de la Virgen en Éfeso y se la encuentra por los datos proporcionados y con las mismas características de construcción consignadas por Ana Catalina. Y así una veintena de relatos fueron comprobados como ciertos y veraces. 

De todas maneras Brentano aclara que “sin embargo, ella no atribuyó nunca a sus visiones, autenticidad histórica sino que les prestaba un puro valor humano”. 

Es cierto que estudios posteriores han mostrado toda la influencia de estas contemplaciones extáticas: en la interpretación del Vaticano II, la caída del Muro de Berlín, la película de Mel Gibson sobre la Pasión, la reacción de la judería contra Ana Catalina y su visión que inculpa a los sacerdotes judíos, como manipuladores del pueblo de Israel, en el grito horrendo de “Crucifícale, crucifícale”  (Lc 23-21).

En el andar de los siglos pocos han sido los seres que hayan gozado de la gracia de “visualizar los misterios sobre los cuales meditaban”: Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Ana Grazias de San Bartolomé, Domenica del Paraíso, San Francisco de Asís, Brígida, Gertrudis, Hildegarda, Catalina de Siena, Colomba de Rieti, Genoveva de Boloña, Lidvina de Schiedam, Catalina Vanni, Maria Villana, María Buonomi, Marina d´Escobar, Crescencia de Kaufbeuern, Angela de Foligno,  San Vicente Ferrer, Buenaventura y algunos otros. 

Muchos menos son aún aquellos que han puesto por escrito el fenómeno de la contemplación extática o éxtasis. Este pequeño listado comienza con el Pseudo Dionisio del Areopagita con sus  Nombres de Dios y su Teología mística, y sigue con Orígenes, Agustín, Bernardo, Hugo y Ricardo de San Víctor, Tomás de Aquino, Buenaventura, el doctor devoto, Juan de Ruysbroeck, el anagógico y su Diccionario de contemplativos (1343), Juan de Vercelli, Dionisio el Cartujo con su De contemplatione (1450), Hugo de Balma y su Sol de contemplativos (1514). Pero es sobre todo y en primer lugar el Castillo interior o Las Moradas (1577) de Santa Teresa de Ávila  quien relata en forma pormenorizada la contemplación mística extática. 

De todas estas lecturas podemos extraer las siguientes enseñanzas:

1.- La contemplación es el don de sabiduría del Espíritu Santo que procede del amor sobrenatural.(Tomás de Aquino 1225-1274)
2.- No existe la contemplación meramente natural llamadas videncias como desarrollo de una facultad natural. O son perturbaciones mórbidas o productos demoníacos. (Juan de Ruysbroeck 1293-1381)
3.- La contemplación mística se infunde más en los simples y humildes que en los sabios del mundo. (Dionisio el Cartujo 1402-1471)
4.- Tres pasos para alcanzar la contemplación extática: a) vía purgativa, para limpiar el corazón y lo prepara para aprender. b) vía iluminativa, que alumbra el corazón y lo enciende de amor y c) vía unitiva, que ayunta al hombre con Dios en corazón, entendimiento y razón. (Hugo de Balma 1514). 
5.- El camino de la contemplación comienza con la simbología de la Sagrada Escritura y la práctica de los sacramentos. Es entonces un movimiento anagógico sucesivo y progresivo que desemboca finalmente en el estado místico y el éxtasis divinizante. (pseudo Dionisio Areopagita circa 500 d.C)

Existe finalmente una diferencia sutil pero definitiva entre la contemplación extática que nace y se resume en el acto de amor más perfecto que es “el ayuntamiento de la creatura con Dios” y la teología mística que no es esencialmente amor sino conocimiento.

Los Brentano

Clemente muere en el 41 y sigue su trabajo Cristian su hermano menor hasta 1852 cuando también fallece, que sabían más que nosotros sobre el tema que acá bosquejamos, insisten en destacar que a partir de comienzos del siglo XVIII (1701) por influencia del enciclopedismo y la ilustración que divinizaron “la Razón” las fuentes del conocimiento místico han ido desapareciendo en todo el mundo y avanzamos peligrosamente hacia la oscuridad. Aquel concepto que paradójicamente vinieron a combatir la ilustración y el iluminismo, vinculando el misticismo a la Edad Media catalogada como “edad oscura”. 

Ana Catalina Emmerich es una de las últimas místicas contemplativas extáticas quien no dudó  en afirmar que sus visiones no eran históricas sino que venían a enriquecer la comprensión del Misterio Divino, como lo pueden hacer el arte, la filosofía, la poesía o la música. Aun cuando representen conocimientos de distinta jerarquía. 
Nuestro mundo de hoy, desacralizado hasta el tuétano se va privando paulatinamente de este acceso privilegiado, al que intenta suplantar por las gnosis de todo tipo, que no son otra cosa que “un atajo al saber” como la hemos definido nosotros hace ya muchos años. 

En nuestra actividad de estos últimos años, de dictado de seminarios libres en distintas universidades, casas de estudios o lugares ad hoc, no falta la ocasión en que nos pregunten por lo sagrado o lo sacro, lo divino o lo sobrenatural, y siempre remitimos, como viejos profesores de filosofía a los libros de Walter Otto, Mircea Eliade o René Guénon   sabiendo de antemano que el primero se limita a describir “lo numinoso”, el otro “las teofanías luminosas” y el último “los símbolos de las ciencias sagradas”, pero ninguno de ellos llega a asir el mysterium tremendum. 

Es más, ellos mismos en su búsqueda fueron a buscar fuentes de inspiración espiritual allende la cristiana: Otto la buscó en la religión de los antiguos griegos, Eliade en un sincretismo religioso y Guenón en el sufismo mahometano. 

En una palabra, ellos, y algunos otros estudiosos, nos indican un camino, pero no nos abren el corazón al Dios vivo de la gracia para que nos ponga en camino. 

Así, debemos confesarlo, nosotros no estamos en camino, sino sólo podemos indicar un camino, porque el hecho profundísimo y personalísimo de abrir el corazón y limpiarlo para prepararnos a aprender no nos ha sido dado. Dice el viejo y sabio dicho: pedir se le pide la capa a un santo, la cuestión es que la dé. Y acá, en el tema de lo sagrado o lo sacro se aplica a pie juntillas.