jueves, 7 de agosto de 2014

NIETZSCHE: ICONOCLASTA, BUSCADOR, POETA

FEDERICO NIETZSCHE, ICONOCLASTA
por Marcelo Speranza

“Hay un pájaro que se llama regenpfeifer1. Estos seres aparecen
 cuando una generación se ve amenazada por una tempestad. Así soy yo”.
Sören Kierkegaard. Diario (1845)

I. ¿Quién fue Federico Nietzsche ?

Al igual que Kierkegaard, Nietzsche fue uno de los anunciadores de las amenazas que se cernían sobre la vida del hombre en la tierra.
Cuando el eclipse de dios aún no era percibido, él, fllósofo-poeta como el danés, se situó solitariamente para contemplar la crepuscularidad que echaba la sombra terrible del dios-padre asesinado por los hombres, adentrándonse con su magistral penetración psicológica en el corazón de las tinieblas.
Al límite de las fuerzas humanas, fisiológicas y mentales, este destructor de ídolos, maestro en el arte de poner frente al espejo los valores establecidos y ver su imagen invertida, escándalo de iglesias y religiones cristalizadas, dio cuenta de la larga tarea llevada a cabo por los envenenadores de la vida por domesticar el instinto.
Fue, sin dudas, un singular, categoría (o estado vital, diría él) poco común de hombre. “Yo soy un destino”, afirmó. Y no dejó de dar testimonio de ello.
El hombre-Nietzsche habló y gritó cuando el dios-padre-garantía se desmoronaba. Convocó, entonces, a las fuerzas vitales.
El santo decir ‘sí’ de Zaratustra se dirigió a la creación de un mundo nuevo.

II. Nietzsche, buscador

“La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora,
 es vida  voluntaria en el hielo y las altas montañas,
búsqueda de todo lo problemático y extraño en el existir,
de todo lo proscrito hasta ahora por la moral”.

Los caminos a recorrer en la búsqueda filosófica son infinitos.
Sin embargo, las actitudes ante esa búsqueda son, básicamente, dos: a veces se sabe desde donde partir, pero no se tiene una meta prefijada.
Otras, se cree tener un lugar desde donde iniciar el recorrido, se cree conocer el camino -se marcha con seguridad- y se cree que la meta está ahí, al alcance del conocimiento.
Los primeros son los buscadores y merecen ser llamados escépticos, y -por qué no-, creadores.
Los segundos, son los amigos de las demostraciones, el concepto, el método y la lógica.
De éstos, Nietzsche está a años-luz.
Su vida-obra es ruptura, brecha definitiva entre la realidad -ambigua, confusa, inasible- y sus representaciones, alejadas del pathos impulsor.
Nietzsche mismo es el pathos frente a las claudicaciones de la ratio, contradicción viviente, sentimiento trágico de la vida. 

III. Nietzsche, descubridor

Si el primer motor inmóvil de un visionario es su propia energía, el dominio vital del hombre-Nietzsche estuvo puesto en recuperar la unidad de la existencia, quizás empezando por la suya, sometida a las dictaduras de los dualismos en los que fue educado. Sin dudas, la gran tarea.
En abierta contradicción con el mundo burgués y puritano, el pensador descrubrió que clase de enfermedad mortal asolaba la vida: la moral filistea de los envenenadores que se sucedieron a lo largo de la historia; la Verdad -así con mayúscula, la razón (logos) enemiga del instinto vital, la metafísica y las abstracciones convertidas en categorías, tan proclamadas por los apóstoles de la decadencia. En suma, los ideales.
La fuerza del instinto lo llevó, también, a “encauzar la ruina de modo que ésta posibilite al más fuerte una nueva forma de existencia”.
Este fue el ethos que sustentó su nihilismo activo.

IV. Nietzsche, poeta

Si la poesía, tal como la concebía Baudelaire, es lucha contra la iniquidad, no hay que dudar que el poeta-Nietzsche luchó hasta la extenuación teniendo como arma la palabra original, la palabra mítica.
El indagador del presente y del porvenir, el ojo claro, el itinerante viajero de la singularidad, supo del valor de los símbolos, las imagenes, las metáforas, las parábolas y los signos para sugerir lo inasible de la vida, los claroscuros de la existencia, la presencia de lo sagrado y elevado, la extrañeza ante lo elemental.
La más alta lírica la encontró en Enrique Heine, que, como Holderlin y el mismo Niezsche caminaron hacia la misma terra incognita llamada demencia.
Fue Heine quien le acercó la imagen de la muerte de Dios, al que nombra como “ese Anciano” (...) al que hemos conocido desde su cuna en Egipto y al cual hemos visto luego convertido en Palestina de un Dios Rey chiquito entre un pobre pueblo de pastores (...) lo hemos visto emigrar a Roma y proclamar la igualdad celeste de todos los pueblos. Lo vimos depurarse, espiritualizarse, hacerse paternal, misericordioso, filántropo (...) ¡ Nada ha podido salvarlo ! (...) ¿ No oís sonar la campanilla ? ¡ De rodillas !...Llevan los sacramentos a un Dios que se muere” 2.
En Así hablaba Zaratustra, el poeta Nietzsche pregunta: “¿Hay qué autorizarles acaso el oído para que aprendan a oír con los ojos?“3.
O afirma: “símbolos son todos los nombres del bien y del mal, no expresan, tan sólo insinúan. Sólo el estúpido pretende arrancarles saber”.
“Prestad atención hermano, a toda hora en que vuestro espíritu quiere hablar a través de alegorías, tal es el orígen de vuestra virtud”.
Nunca la palabra discursiva tendrá la eficacia de la palabra poética.
Eficacia curativa, catártica, conmovedora.
El sonido alciónico de la poesía-Nietzsche es penetrante.
Pero se deberá tener oído para escucharlo. 

V. Nietzsche, el sabio, el inteligente, el que escribe libros

¿De veras creía el hombre-Nietzsche, el singular, el poeta, que era sabio,  inteligente y que escribía buenos libros?
El aristócrata polaco -así gustaba autodesignarse para humillar a los orgullosos germanos- era un gran burlador.
Algunos ensayistas han visto en la totalidad de su vida-obra un desmedido intento de autoafirmación.
De todas maneras, es inútil interrogarse sobre si realmente estaba convencido de esos atributos encarnados en sí-mismo.
En todo caso fueron recursos para interpelar a una época y apelar al lado oscuro, al costado mítico, sumergido de la persona individual y colectiva.
Sin embargo, tenemos aquí una paradoja.
El filósofo trabaja con el lenguaje y por lo tanto con la lógica. Convengamos que no se trata de una lógica convencional, pero aún así, ¿cómo llegar al alma si el mensaje poético-filosófico no puede dejar de estar dirigido a la conciencia, a la razón discursiva ?
Creer que Nietzsche trató de resolver o encontrar un atajo, tirándonos a la cara ideas revulsivas, contradictorias, paradójicas, vividas o sentidas por él antes que nadie, no es estar lejos de la verdad.
La tensión vida-obra Nietzsche es casi única en la historia de la filosofía.
El trastocamiento de lo considerado central hasta ese entonces en el mundo de los valores -el pasaje del logos al bios- es absolutamente original, aunque no debiera olvidarse a Spinoza y su sistema donde pasión y hambre de inmortalidad se derraman por los poros bajo una gruesa capa de racionalismo.
Es la diferencia entre el no-vivir y el vivir.
Herido y gozoso del presente y del porvenir, hipersensible, compasivo, íntimamente religioso y hasta cristiano, Nietzsche adelantó el fracaso de un mundo no sustentados en las pasiones e intereses vitales.
Como su maestro Jacabo Burchardt que ve en los signos de los tiempos “un lamentable odio contra lo diverso y lo múltiple”, Nietzsche ve cernirse la gran ola de “progreso”y “razón” niveladora: la divinización de la uniformidad. 

1. Regenpfeifer. Anunciador de lluvias.
2. Enrique Heine, Alemania
3. Por qué soy tan sabio, por qué soy tan inteligente, por qué escribo buenos libros se titula  un capítulo de Eccehomo.






PADRE CARLOS MUGICA: UN SACERDOTE CERCANO AL HOMBRE

REPORTAJE A MIGUEL CANTILO REALIZADO POR MARCELO SPERANZA 
EL 17 DE DICIEMBRE DE 1991

 “DESCUBRÍ EN CARLOS QUE HABÍA UN ACERCAMIENTO CON EL HOMBRE, QUE ERA LO QUE MÁS ME IMPRESIONÓ Y APASIONÓ DE ÉL”

P: ¿Cómo y cuándo conociste a Carlos Mugica?
R: Lo conocí a través de una hermana mía, que era muy amiga de Marta, la hermana del  P. Mugica. Primero, de oído, “por mentas”, como se dice. Un día sucedió algo muy particular. Yo estaba por casarme y solía escuchar hablar del P. Mugica como una persona evolucionada, no sólo en el aspecto político sino en el espiritual, que a mi siempre me interesó mucho. Mi familia me presionaba para que me casara por iglesia, pero yo a los 17 años había abandonado la práctica religiosa. No las creencias básicas pero sí la práctica religiosa. Tenía 21 años y con mi futura esposa pensabamos que no eramos católicos practicantes y estaba esa especie de conflicto de aceptar la presión de la familia . Entonces decidimos consultarle al P. Mugica para resolver nuestro conflicto, que era aceptar la presión de la familia o no. Lo consultamos considerando que era la autoridad sacerdotal más confiable que había en ese momento.
Fuimos a verlo a un cuartito, arriba de la casa de su familia, en el ático del edificio. Nos atendió en muy cancheramente, como era su manera de vivir, contra lo convencional que uno espera de un sacerdote, vestido de civil. Me impresionó mucho el color de sus ojos, su mirada, su actitud...Le confiamos la situación que viviamos con mi novia y luego de hablar de temas generales, de política, temas sociales, recuerdo que nos preguntó concretamente si creía en la religión, si creíamos en el rito, en el matrimonio como sacramento. Yo le dije que no y mi mujer también. Entonces nos dijo: “No se casen por iglesia. Es inútil, no se gasten”. Eso me dio un alivio muy grande, me resultó un esclarecimiento porque era tan sencillo y venía de la boca de un sacerdote que me desató muchos nudos que tenía en relación con la religión. A partir de ese momento comencé a seguirlo en su actividad y después me acerqué al trabajo que él efectuaba en las villas.

P: ¿Lo conociste más profundamente trabajando con él en las villas?
R: Mi actual esposa, Silvina, trabajó con él ayudándolo en las villas, efectivamente en la villa de Retiro. A través de esa relación y del predicamento que tenía su trabajo, acerqué la parte musical a su villa. Llegamos a realizar dos o tres festivales inolvidables para mí para los que participaron. Recuerdo especialmente uno que se realizó un dia patrio de los bolivianos (en la villa había una gran cantidad de bolivianos). Se habían vestido con ropas típicas. Habíamos subido para cantar al techo de una de las pocas casas de material que había en la villa, habíamos improvisado un escenario. Cantaron, si la memoria no me falla: Roque Narvaja, Pedro y Pablo y el trío que hizo una zapada rockera: Spinetta, Pappo y Pomo. Piero estaba relacionado con el P. Mugica, pero no había asistido. Me acuerdo de ellos y de otros que quizás omita.
Después de ver bailar a los bolivianos con sus gorros tan típicos, el P. Mugica tomó el micrófono y les dijo que siempre se mantuvieran juntos, unidos porque el pueblo unido jamás será vencido.
Yo lo veía esporádicamente. Mi trabajo se “tocaba” con el de él, en ese tipo de ayuda que podíamos darle actuando, haciendo música para algún evento. Era la ayuda que le acercabamos. No tengo un contacto cercano personal como para un anecdotario más útil

P: ¿Porqué decís que Carlos Mugica era un cura no convencional ?
R: Yo te estoy hablando del año ‘70-’71. Yo había estudiado en un colegios de curas convencionales, con sotana, actitud sacerdotal convencional, lo contrario a Carlos Mugica.
El P. Mugica era un sacerdote que estaba cerca del hombre. Vestía como hombre. Se movía como hombre y no como sacerdote.
En ese momento el sacerdote convencional estaba separado del hombre. Yo me había acostumbrado a ver -en mi infancia jugaba al fútbol en una sede de la Acción Católica-
a sacerdotes detrás de sus sotanas, un poco como marginados de la actividad social, como unos personajes con una categoría aparte.
Descubrí en Carlos que había un acercamiento con el hombre que era lo que más me impresionó y apasionó de él. Lo tomé como modelo en su ‘profesión’, como un modelo del aggiornamiento, de la capacidad de situarse dentro de la realidad histórica del momento y de abandonar poses y tics que eran propias de cierta categoría clerical muy impuesta en el país, que era parte del pasado. Su actitud era revolucionaria, políticamente y en su diario vivir..
Eso fue lo que mas me impresionó del P. Mugica y fue también lo que me empujó a escribir una de las canciones más importantes de mi repertorio y que suele pedirme la gente, una canción que ya tiene veinte años: Padre Francisco inspirada en el P. Mugica. La canción habla de un sacerdote, no porque el personaje fuera Carlos sino que era lo contrario de él, pero que había que estimular para que se jugara al modelo. Haber visto a Carlos era como el paradigma de lo que tenía que ser un sacerdote tercermundista, un sacerdote de nuestro tiempo.
En Padre Francisco yo me refería a todos los sacerdotes jóvenes que yo había conocido en la Acción Católica. Era un modelo obsoleto de sacerdote, con sotana larga, ajeno a los cambios de nuestro tiempo y a las luchas sociales. La canción los instaba a transformarse en un Carlos Mugica.

P: Además de modelo de sacerdocio, ¿qué representó para vos Carlos Mugica?
R: Además de modelo de sacerdote, representó un ejemplo de lo que se logra cuando la fe se transforma en un arma de lucha práctica, real, cotidiana y no una entelequia filosófica o una especie de ideología inaplicada. Para mí, lo más meritorio del trabajo de Carlos Mugica fue la aplicación del Evangelio en lo cotidiano, el realizar tareas de ayuda al necesitado, organizarlos. Tal vez sea discutible desde distintas corrientes de opinión, los medios, los caminos políticos que eligió. Tal vez sean debatibles. A lo que no puede restarse méritos es a la aplicación práctica que él le dio a la palabra del Evangelio. A esa realidad operativa de poner manos a la obra, de organizar a la gente más necesitada y darles una satisfacción a sus necesidades postergadas: reparto de ropa, medicamento, alimentos, elementos inalcanzables para quienes no tienen posibilidades económicas. 
La facilitación del acceso a todo eso, fueron ítems que supo manejar de una manera muy eficiente. Yo lo sé porque mi esposa estuvo cerca de él y solemos recordar la manera operativa con que se manejaba. El P. Mugica ponía en práctica lo que otros hablan en teoría y muere en una mesa de café o en un púlpito o en un libro, pero que no se hace realidad.

P: ¿Qué sentiste en el momento de su muerte?
R: Sentí algo parecido a lo que sentí -paradójicamente- diez años después con la muerte de John Lennon aunque no tenga nada que ver un personaje con el otro. Sentí esa sensación de que hay gente que tiene una calidad humana que a veces no corresponde a la realidad planetaria en que vivimos; excede los límites de lo permitido en un planeta como este.
Lo primero que sentí fue una asociación con el martirio, con un mártir. Que su muerte era la de un mártir más en la historia de las religiones. Un mártir que abogó por una idea que en ese momento era demasiado jugada y tuvo sus consecuencias.
Me dolió mucho. Pero creo que cuando un mártir muere siempre es un poco como Cristo, que muere sabiendo que tenía que morir. El era conciente que estaba permanentemente acechado y creo que vino a cumplir una meta, enviado más allá de nuestros mezquinos parámetros históricos, a cumplir una función que no solo cumplía en vida, sino que sigue cumpliendo a través del trabajo como el de ustedes , que lo hace vigente y que va a seguir a través de las décadas, porque ya es un  personaje histórico,como tantos próceres de nuestra historia.

P: ¿No percibiste que con su muerte se cerraba una etapa?
R: El sembró una simiente. Eso es lo importante. A veces no se ve la consecuencia inmediata, el crecimiento, pero tanto en los laicos como en el clero joven, su trabajo ha ido fermentando. Lo que parecía que podía haberse interrumpido,  en un momento en que sentimos que muchas cosas se marchitaban y se interrumpían, yo se que hay sacerdotes que siguen su ejemplo y continúan su línea de trabajo.
Lo rescatable es la actitud de Carlos: el sacrificio, la entrega, la abnegación con la que trabajó. Y eso es lo que lo hace más vigente, lo que lo eterniza.
Se agiganta más su trabajo el haber muerto mártir de las Tres A y lo proyecta hacia el futuro.

P: Tantos años después de su muerte, ¿qué ocurre con la figura de Carlos Mugica?
R: Creo que se ha ido acrecentando su imagen en la medida que las enormes sordinas y mordazas que impone el sistema, por conveniencias, han hecho de su imagen histórica algo marginal. Creo que está saliendo de la marginalidad para insertarse en la historia cercana más próxima.
Esa historia se va escribiendo todos los días, no es una historia que esté autorizada ni revisada. Es una historia muy cercana.
Su figura se va agigantando sobre todo si vemos los problemas reales que tiene la Iglesia Católica para acercarse a su pueblo; la interferencia de iglesias ‘intermedias’, desprendidas del Evangelio y saliendole al cruce al catolicismo y ‘secuestrandole’ feligreses como una respuesta a una falta de acercamiento de la Iglesia Católica . El vacío que tendían a llenar sacerdotes como Mugica y otros tantos que intentaron seguirlos y quedaron en el camino, también mártires. El trabajo de Carlos acercaba la iglesia al pueblo. Al escindirse esa aproximación se produce la presencia de sectas, de cultos alternativos, algunos hasta grotescos que llena vacíos que tiene el hombre común. La iglesia necesita ahora de sacerdotes como Carlos Mugica para recuperar la feligresía perdida.
Tal vez haya que revisar muchas de las actitudes clericales porque lo que todos creemos es en el acercamiento del hombre a Dios, del hombre común a la palabra de Dios, no a una ideología ni a un partido. Hay que revisar lo que se hizo con la imagen de Mugica y lo que todavía se puede hacer para reinvindicarlo.

P: Querés agregar algo, una última reflexión...
R: No, simplemente decir que los poetas y los cantores tratamos de sintetizar los sentimientos y las ideas a través de textos y canciones. Yo no puedo a través de este libro cantarte una canción, pero sí puedo dejarte unas palabras que me surgieron al enterarme que él había muerto. Escribí esta Elegía para Carlos Mugica, que es mi homenaje más sentido para alguien que me enseño mucho y que creo dejó huellas imborrables en su pueblo.

Hace cuarenta años, un 11 de mayo de 1974 el padre Carlos Mugica, figura y símbolo del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, era asesinado por una banda paramilitar cuando salía de la parroquia San Francisco Solano, en el barrio de Mataderos, luego de oficiar misa. 
Así lo recordaba Miguel Cantilo, poeta y juglar, desde algún bar de Buenos Aires. 


EMMANUEL MOUNIER: “LA PERSONA SE GANA PERDIÉNDOSE; SE POSEE, DÁNDOSE".

EMMNUEL MOUNIER Y EL PERSONALISMO: 
LA PERSONA SE GANA PERDIÉNDOSE; 
SE POSEE, DÁNDOSE".

por Marcelo Speranza

Prematuramente fallecido, el francés Emmanuel Mounier fue un pensador de raíz cristiana sensible a la problemática social y política, creador de la llamada corriente personalista de la filosofía, que nada tiene que ver con el individualismo. 

En el Personalismo, la persona humana es el valor central en tanto situada con los Otros, es decir, dentro de la comunidad de personas.

Charles Péguy y amigos entrañables como Jacques Maritain, entre otros, marcaron su ideario.  

Su pensamiento está volcado en una vasta obra, cuyos títulos más significativos son: Revolución personalista y comunitaria; De la propiedad capitalista a la propiedad humana; ¿Qué es el personalismo? y El Manifiesto al servicio del personalismo.

El Personalismo es una filosofía de vida que pone a la persona en comunidad como centro. A ésta la concibe Mounier como vocación (la dimensión espiritual hacia lo universal), encarnación (dimensión espiritual hacia abajo) y comunión (dimensión espiritual hacia lo ancho).

Los actos centrales de la persona son: 

1) salir fuera de sí  
2) comprender 
3) tomar sobre sí 
4) dar 
5) ser fiel

La persona trasciende su individualidad, su conciencia y su personalidad, de ahí que el Personalismo se define por un transpersonalismo: persona y comunidad son contrarios que se completan dentro de una dialéctica del amor («existir es amar»).

Emmanuel Mounier es uno de los pioneros en el humanismo cristiano contemporáneo, con ideas muy avanzadas en una época de apogeo de los fascismos y el estalinismo. 

Según Paul Ricouer, en el Personalismo está implícita una metafísica de la persona, de los valores, de la historia, del conocimiento y del ser.

Es una postura ética y metafísica que le da la espalda al modernismo y al integrismo, un audaz intento de superación del materialismo como del espiritualismo sin arraigo en la existencia. 


Emmanuel Mounier - Filósofo cristiano atento sobre todo 
a la problemática social y política. Fundador del movimiento 
personalista y de la revista Esprit.

martes, 5 de agosto de 2014

VIRGEN DE LUZ - MARCELO SPERANZA

 (Virgen) De luz
              
                                           "El sol sólo sale sobre las avenidas" (Melina Speranza)

Poco a poco,
levantarnos de nuevo,
una vez más.
Es preciso seguir.
Es preciso salir de la tristeza.
"Espero -me dijiste- "ese rayito de sol
que me dé calor".

Vos quedate junto a mí.
Ayudame a pasar este tiempo de prueba.
A encontrar personas que acepten
y compartan mi fragilidad.

Permanecé junto a mí:
que el dolor no prevalezca sobre la alegría.

Tu luz me ha vuelto más sensible a los demás,
capaz de mayor comprensión,
más atento al sufrimiento de los otros.
Me enseñaste a dar vida, presencia que permanece.

Porque ninguno vive sólo para sí mismo.
Vivimos para los demás y para Dios.




AMARILLO SOL, OCRES INESPERADOS - MARCELO SPERANZA

AMARILLO SOL, OCRES INESPERADOS 
poema de Marcelo Speranza
                                        
                                                         A Luis, de la isla Saint Michel 

Vida a la intemperie 
Paraísos de la calle Hipólito Yrigoyen a la altura de Almagro
Ya comienza el otoño
Edificios nuevos
Casas derruidas
Fábricas y galpones que fueron

Y a pesar del óxido en las vigas 
Es hermoso contemplar el terracota de las hojas
El amarillo sol y los verdes deslucidos
La Basílica de San Carlos
Las altas ventanas de la Inspectoría Salesiana
El baño de amarillo sobre los ocres inesperados

Herido de vida 
Luis sufriente 
Arrullo esta escena de barrio
Con devoción casi religiosa
(Vendrá mañana
tal vez borrosa
Y en sombras)

Y a pesar del óxido en las vigas
Es hermoso contemplar el ocre de las hojas
El amarillo sol y los verdes deslucidos
Sin responder al llamado de dioses temblorosos



A TELMO OTAZÚA, JARDINERO MUNICIPAL PORTEÑO - IN MEMORIAM

ESPÍRITU DE ÁRBOL
poema de Marcelo Speranza 

                                                A Telmo Otazúa, jardinero municipal porteño. 
                                                In memoriam

"La verdad es un árbol con raíces"

Aquí vienen el baño de yema,el barro, 
el fluido gratuito de la tipa,
las gotas atrapadas por los brazos del jacarandá,
el chorrito de miel del aguaribay.

Y están las lluvias de polen el aire,
los aguaceros de hojas de los plátanos,
las agujas de las casuarinas,
los ocres de los tilos,
los colores rojizos de los álamos del pantano 
y la sangre del prunus que amaste.
(precipitaciones de corolas, caída de pétalos 
sobre la tumba del viejo jardinero).

Porque eso fuiste, padre y hermano mío: 
un cuidador de espíritus vegetales, 
un escucha de las voces escondidas de plantas y arbustos,
un hombre de humus, turba y helecho,
un cantero de luz en el vivero de Parque Avellaneda,
un hombre-tierra, terco y tierno,
un árbol sólido, 
florecido, 
nunca vencido,
siempre renaciendo.



EL AJENO - MARCELO SPERANZA

EL AJENO

No ha de darnos tregua este viaje.
No es cosa de andar con llanto y castigo.
Ya el desprecio es suficiente.
¿Para qué tanto perdón y mensajes que no devolverán?

De tanto en tanto me pregunto: qué metal les ha recubierto el cuero,
qué cuero les ha recubierto la piel,
qué piel los ha vestido,
No hay palabra, agujeta o abridor de lata que pueda meter cisura o rasguño.

Respiro profundo y me sigo inquiriendo.
Persisto centrado en símbolo: cruz, rosa, flama.
Ellos no están allí –tierra de lo consagrado- en ofensas,
desdenes, risas de hienas y declaraciones.

 Camino con mi Señor y sólo en El renazco día a día.


PATRIA INTERIOR - MARCELO SPERANZA

PATRIA INTERIOR
                                 
                                                A los manes que nos precedieron en el viaje

No hay beatitud más grande
Que el haberlos conocidos, almas queridas que partieron.
El paso de los años las hace más cercanas:
En el soplo de vida que infunden,
Por la prudencia que masticaron
con dientes de piedra,
Por la templanza
que forjaron a golpe de martillo,
En los recuerdos redivivos
que aletean junto a las ventanas cada tarde.

Sobre los hombros del dolor,
Anchas espaldas pacientes,
Nos protegieron,
dieron al viento de la calle,
al susto de la noche,
al andar agitado,
(esas veredas, esas baldosas -cada una un mundo-
con sus resquebrajaduras, retículas blancas, guardas ocres,
hilos de agua, pigmentos de acero y musgo).

Los invoco y llamo: 
Luis, Donato, Ramón, Juan, Jacinto, Enrique,
Angel, Cholo, Leonardo...
Para que el viento que los trae y lleva,
Golpee furiosamente mi corazón adormilado.

Sí, los presiento, manes agrarios
de la patria interior que me arrebata,
Arcadia feliz,
tierra abisal de ira
donde brota el héroe,
el santo,
el loco,
el nómade.

Corazón: escúchalos y arde.



TAO QUE SE LLAME TAO YA NO ES TAO - POEMA DE VAL DE OMAR

Tao que se llame Tao ya no es Tao
poema de Val del Omar

Definir es errar, confinar, detener, estancar, morir.
Los dictadores contenedores con su no acción actúan
creando ondas, mareas, envases y cataclismos.

El amor y el temor son los dos motores.
Las cosas en el tiempo son hervores múltiples, informes.
Mis dos hijas son diferentes: La una quiere modificar.
La otra, más sabia, se adapta. Las dos aman.
La que pone más mente, pone menos corazón.
La más ciega se desvive más deprisa.
Una quiere imponer la energía y es más trágica
siente y le duele que las cosas no fluyan según su cadencia.

Tengo dos amigas nobilísimas y diferentes.
Han operado esa síntesis de contrarios.
Sus criterios son diferentes pero se los reconocen,
se respetan, se complementan, se estiman,
se aman por ley de plenitud y Unidad.
Es un gozo verlas comprenderse. Son generosas,
ricas por su naturaleza humana.

Amo a dos seres. Dos criaturas. Una muerta y otra viva.
Una desapareció de mi preocupación por su autonomía,
otra la tengo siempre presente, gravitando, por su permanente
fluctuación con su humano dudar y latir.
La primera cubrió toda mi vida pasada.
La segunda ciega mi alma.

La primera no pudo ser más invisible, airosa y desprendida.
La segunda gravita, atrae, palpita y me estimula
a disculpar y comprender.
Una es pasado. Otra es futuro. Muerte y vida. Yo situado siempre
en trance mutante entre realidad e ilusión. La una valora
a la otra.
La otra valora a la una.
Se potencian por opuestas.
Son dos firmamentos. Dos vacíos. Dos sombras.
Dos presencias decisivas. Dos fenómenos en fricción iluminante.
Dos vidas de mi vida que me mantienen latente y encendido.




SUFISMO Y POESÍA

La poesía sufí

La primera lírica española (y occidental) va a ser la islámica de al-Ándalus y es de ella de la que van a beber después los trovadores
Autor: Emilio Ballesteros- Fuente: Prometeo Digital

El sufismo es una manera de vivir (din es la palabra árabe que usan los sufíes para referirse a ella) que lleva implícita una cosmovisión e implica un compromiso de por vida en todos y cada uno de los aspectos y facetas de la existencia. No cabe pues hablar de literatura, poesía, música o danza sufí como si fueran compartimentos estancos, actividades que ocurren al margen del resto y con una finalidad en sí mismas. Todo lo que hace el sufí está orientado a la conquista de la Iluminación, a la apertura espiritual que le permita “contemplar la faz de Allah”, o lo es lo mismo, aniquilar el ego para experimentar con todo el Ser (y no sólo con la mente) la Unidad de todo lo creado, la Unión mística, en la que desaparece la separación entre sujeto que observa y realidad observada.

Así pues, el estudio racional de cualquiera de esas parcelas (en este caso, la poesía) contará siempre con la limitación que su propia naturaleza mental le impone. Podrá ser útil para comprender algunos aspectos intelectuales, lógicos, pero se le escapará lo que tiene de inefable, y en este caso por doble motivo: el de ser poesía y el de ser sufí. Vale aquí reproducir una frase que han repetido muchos sufíes a lo largo de los siglos: “Lo que se puede expresar con palabras no es sufismo”. Dicen Katy Mondaroo e Igor Zabaleta:

El sufismo no es otra cosa que un camino o tariq que comienza con el autoconocimiento. El sufí vuelve al corazón interior y lo usa como vehículo para alcanzar un entendimiento más avanzado. No toma la mente como principio, sino su corazón. Es decir, no usa una vía discursiva, sino sensitiva. Por ello al tasawuuf (sendero del sufí) se le llama El Camino del Corazón.” (Sufismo, La Enseñanza Mística, Madrid, 2005).

Cuento, sin embargo, con una ventaja a la hora de enfocar este trabajo: quiero hablar de poesía que, en mi opinión, es el terreno de lo inefable, lo que está más allá de las palabras de modo que éstas sólo pueden abrir puertas que el corazón tiene que explorar después en territorios donde es el silencio el que llena todo con su poder tan hermoso como terrible. Y para hablar de eso, nada como el sufismo. Tienen tanto en común ambos caminos, ambas posiciones ante la vida, que no temo exagerar si afirmo que gran parte de la poesía que conocemos tiene sus raíces más o menos lejanas (según se mire) en el sufismo. Y es un hecho que este din, puesto que busca el acceso a territorios que pertenecen a la Belleza, utiliza entre sus disciplinas artes como la danza (son de sobra conocidos los derviches danzantes), la música, los cuentos o la poesía, siempre con una sensibilidad singular y una belleza exquisitas debido a ese anhelo de Trascendencia e Infinitud que los mueve.

Para hablar, pues, de poesía sufí, tengo que hablar antes de sufismo, pero sin perder de vista que al hablar de éste, también estoy hablando de su poesía.

Si bien se puede encontrar literatura sufí en distintas lenguas (sobre todo árabe y persa, pero también turco, urdú, bengalí, sindhi e incluso en la actualidad en alguna lengua occidental como el propio español), no hay que olvidar que el lenguaje en sí mismo es un elemento sagrado para el sufismo. Y el árabe, el idioma de la Revelación, es La Lengua por excelencia: dinámica y, en esencia, consonántica, se basa en verbos trilíteros que funcionan como raíces de grandes familias de palabras que pueden llegar a expresar cosas contrarias a un mismo tiempo. El Shaij Abdalqadir As-Sufi (escocés y vivo aún) dice que no es que el Corán naciera del árabe: es el árabe el que nació para el Corán.

Para el sufismo, las propias letras del árabe tienen significados y poder por sí mismas. De ahí que su caligrafía haya adquirido tal altura estética y tanto refinamiento y complejidad. De esta manera, la palabra árabe TASAWUUF, que designa el camino sufí, lleva mensajes en su interior.

La primera letra, T, representa tawba, el arrepentimiento, cuyo paso exterior consiste en guardarse de las malas acciones y obedecer la palabra de Allah expresada en el Libro Revelado, el Corán, mientras que el interior lo realiza el corazón al limpiarse de todos los deseos mundanos y conflictos del nafs (algo parecido al ego, pero más dinámico y contradictorio pues representa por un lado la fortaleza de la razón, que es necesaria para el dominio del mundo fenomenológico, pero, por otro, es la fuente de apegos a lo material, que hay que aniquilar para poder Unirse al Todo y experimentar la Grandeza del Amor Divino).

La segunda, la S, una vez que se alcanza el arrepentimiento, supone el estado de paz y alegría (safá), la ausencia de ansiedad, el “sereno contentamiento” tan característico de los auténticos musulmanes. Para conseguirlo hay dos pasos a seguir: el primero hacia la pureza de corazón y el segundo hacia su centro secreto. Una de las técnicas que los sufíes utilizan para “limpiar” el corazón es el constante recuerdo (dhikr) de Allah mediante el salat (la oración), la repetición del la illaha illa-Llah (no hay más Dios que Dios) y las danzas y ritos concretos de cada tariqa (cofradía) sufí.

La tercera letra, W, simboliza wilaya, el estado de proximidad a Allah. El que ha llegado ahí es consciente de que eso ha ocurrido y está conectado de manera íntima con Allah.

La cuarta y última consonante, F, simboliza a fana, la extinción del ego, (el Nirvana budista es también la Nur Fana, la Luz de la Aniquilación). En este estado, los velos de la realidad se deshacen, los sentidos dejan de engañar y Dios, la Unidad de Todo lo existente, entra a formar parte íntima del propio ser. Es lo que un hadiz (relato de la tradición musulmana, por regla general relacionado con la vida y hechos del profeta Muhammad) muy querido por los sufíes dice con estas palabras:

“el que me ama no cesa de aproximarse a Mí hasta que Yo lo amo, y cuando Yo lo amo, Yo soy el oído por el cual oye, la vista por la que ve, la mano con la que trabaja y el pie con el que avanza.”

Dentro de este contexto, la poesía sufí es otra más de las herramientas con las que el sufí cuenta para su vía iniciática. Ese poder inefable que la palabra poética tiene para conectar de forma poderosa e inexplicable con la misma esencia de las cosas, con las emociones y los sentimientos que nos embargan y nos trasportan con frecuencia a lugares que no pertenecen al tiempo ni al espacio que conocemos, con el misterio que todo lo envuelve y todo lo trasciende, es lo que la hace tan especial para el universo sufí.

La poesía es tan querida y respetada en general en el mundo islámico, y en el árabe en particular, que a menudo los poetas son considerados como profetas y veneradas sus tumbas después de muertos (si bien no hay que confundir ese tipo de veneración con la de los santos cristianos, pues “asociar a otro que Allah” es lo más contrario que un musulmán puede hacer a su credo). Ibn Jaldûn explica en su Muqaddima que en las guerras hechas por los árabes, al frente de las columnas se tocaba música y se recitaban poemas, pues así se excitan las almas de los héroes.

La primera lírica española (y occidental) va a ser la islámica de al-Ándalus y es de ella de la que van a beber después los trovadores (el amor cortés será una derivación del Amor místico sufí) y la lírica europea en general, empezando por la castellana. Primero las moaxahas (muy bien estudiadas, entre otros, por M. Hartmann, Das arabische Strophengedicht: 1, Das Muwassah; Weimar, 1897) que según Ibn Bassâm, traducido por Julián Ribera, fueron inventadas por Mochadme Benmoafa de Cabra (Córdoba) y de cuya estructura se van a encontrar influencias en Guillermo IX de Aquitania (1127), en el Monje de Montaudon (1213) y en distintas líricas europeas (para quien esté interesado en el tema recomiendo el libro: Lo que Europa debe al Islam de España, de Juan Vernet, Barcelona, 2001).

Sin salirnos de los aspectos formales, tenemos después el zéjel, del que han tomarán moldes autores como el Arcipreste de Hita, y las jarchas, cuyas influencias sería largo y prolijo de enunciar aquí y nos desviaría del tema que nos preocupa y a las que habría que sumar las que han llegado a obras tan fundamentales para el pensamiento occidental como las de Sta. Teresa de Jesús y S. Juan de la Cruz o la Divina Comedia de Dante y que autores como Asín Palacios, Roger Garaudy, Enrico Cerulli, etc. estudian a fondo. Para quien quiera conocer más le remito al libro antes mencionado de Juan Vernet que tiene a su vez una extensa bibliografía sobre el particular.

Para el asunto que aquí nos interesa de modo más directo, es preferible centrarnos en los temas que encara gran parte de esa poesía, sufí pues el sufismo tuvo en al-Ándalus uno de sus lugares señeros. Un autor de Badajoz, Ibn al-Sîd (444 de la Hégira, 1052 para la cronología cristiana) escribía:

“¡Cuántas noches has desgarrado el velo de las tinieblas
con ayuda de un vino que brillaba como un astro!”

El motivo del vino y de la copa va a ser uno de los que más se repitan en la poesía que nos ocupa.

Eso ha dado lugar a que lecturas literales de autores como Omar Jayyam, conocido por sus Robaiyyat, lo hayan identificado con un bebedor empedernido en lugar del sufí que era. En esta poesía, el vino es un símbolo que permite acceder a la “embriaguez” de la experiencia mística; es obvio que se trata de un vino que no emborracha ni se bebe en copa. El recipiente es otro símbolo que en Layla y Majnún, de Nizâmî, aparece mencionado con su verdadero significado de una forma bastante evidente, cuando un sabio anciano habla sobre su amada a Majnún, el loco de amor: “una copa milagrosa cuyo cristal refleja el secreto del mundo”. Autores como Paulette Duval, Martín de Riquet, Pierre Ponsoye, etc. polemizan sobre la influencia que este símbolo ejerció sobre el mito del Graal (más conocido como Santo Grial), copa alquímica de la sabiduría. Dice Omar en uno de sus Robaiyyat:

“Ahora que me toca vivir la juventud,
beberé vino porque me complace beberlo;
no me lo echéis en cara; aunque es amargo, es bueno;
tiene que ser amargo, porque amarga es la vida”.

El poeta nos está hablando del mismo dolor que permite a Majnún en su historia de Amor el acceso a la Iluminación, del mismo que es “Viva llama” en los versos de S. Juan de la Cruz y que puede librarle de la cárcel de los sentidos y de las limitaciones del mundo sensorial, engañoso. Es un vino “amargo” que complace beberlo y que puede permitir la “muerte en vida”, el “vivo sin vivir en mí”.

“Aunque sea tu vida feliz junto a tu amada
y disfrutes de todos los placeres del mundo,
lo cierto es que al final te tendrás que marchar:
todo habrá sido un sueño, duró toda la vida” 
(Omar Jaiyyam).

El motivo de la vida como sueño (el mismo que volverá a aparecer en Calderón de la Barca), es otro de los temas recurrentes de la poesía sufí. Y la muerte como despertar.

“Tienes la muerte, amigo, posada
en tu cabeza.
¡Despierta de una vez!
¿Cómo puedes dormir de modo
tan profundo
estando situada
tu casa en una calle tan ruidosa?”

Esta vez es Kabir el que habla, otro de los grandes del sufismo.

Rumi, el gran sufí que fue rector de una Universidad en Kenya, capital de Anatolia (en la actual Turquía) y que dejó cientos de discípulos (entre ellos su hijo Walad) escribió:

“¿Creéis que sé lo que hago,
que por un segundo o incluso medio segundo,
sé que versos saldrán de mi boca?”

Es la poesía como rapto; el poeta está tomado por la inspiración divina y habla cosas que su cabeza a menudo no entiende porque quien habla es el corazón. Dice el proverbio árabe:

“El corazón habla con razones que la razón no entiende”.

Y los sufíes traducen eso a versos. Podrían ser argumentos que hicieran suyos movimientos como el surrealismo o tantos ismos que creen descubrir caminos inéditos desde su “modernidad”. Pero eso ya lo hacían los sufíes hace más de diez siglos, aunque con la diferencia de que ellos se sentían unidos a una tradición que comienza en el Corán y bebe directamente de la Palabra Divina. La suprema visión del sufismo es ver a Dios en todas partes, en cada átomo de la Creación y considerar cada parte como un reflejo de Su Gloria.

“Cada rama, cada hoja y cada fruta revela algún aspecto de la perfección de Dios: el ciprés deja entrever Su majestad; la rosa evoca Su belleza” (Rumi).

Y en esa Belleza y esa Majestad de la Creación, la mujer ocupa un lugar destacado como excelsa teofanía. Por eso en la poesía sufí aparece tantas veces como figura espiritual que se convierte en símbolo de la divinidad y en la Amada que podrá salvarlo del mundo y elevar al poeta hasta la divinidad con el Amor como motor.

También se conoce al sufismo como el Camino del Amor y obras tan representativas como la ya mencionada Layla y Majnún dejan constancia de ello y serán seguidas por multitud de otras en las que, unas veces con el nombre de Beatriz (Dante), otras con el de Laura (Petrarca), Ligeia o Leonor (Allan Poe), Dulcinea (El Quijote, Cervantes), vuelve a aparecer, como aparece en el canto de los trovadores a partir del Renacimiento, en óperas de Wagner o en el Fausto de Goethe en el romanticismo…, tomando siempre la misma visión que anticipó el sufismo: la mujer elevada por encima de todos los mortales y como vía hacia la perfección y la salvación. Habrá incluso destacadas mujeres sufíes que escriban poesía, la más conocida de todas tal vez Rabi´a, que dice en uno de sus poemas:

“La fuente de mi soledad y sufrimiento está en lo profundo de mi corazón.
Es una enfermedad que ningún médico puede curar.
Sólo la Unión con el Amigo la puede curar”.

En el sufismo, como en gran parte del Islam, se va a anticipar también lo que será el prototipo del hombre renacentista, que occidente muestra tan orgulloso en genios de la talla de Leonardo, capaces de ser buenos en varias disciplinas a la vez. Sólo que eso mismo ocurría desde varios siglos antes en la cultura islámica con nombres como Avicena, Ibn Jaldúm, Ibn al Jatib, Ibn ´Arabí, sufíes muchos de ellos, que podían ser a la vez buenos médicos, matemáticos, historiadores, filósofos, poetas…

Ibn ´Arabí, murciano (de al- Andalus), fue uno de los que mejor supieron sistematizar y acercarse con palabras al misterio insondable del sufismo. Gran parte de la tradición sufí es oral y no está recogida en libros; pero los hay también numerosos y buenos, algunos de ellos recopilaciones de tradiciones orales, como los que protagoniza Nasrudín, personaje que rezuma a la vez humor y profundidad, y que pueden leerse como mero entretenimiento, como honda reflexión, o como camino hacia el silencio interior (que es la meta del sufí).

Libros como El tratado de la Unidad de Ibn ´Arabí, escritos hace casi mil años, todavía pueden leerse y parecer incluso más modernos que mucho de lo se escribe en la actualidad. Es Ibn ´Arabí quien dice en uno de sus poemas:

Y entre las cosas más maravillosas hay una gacela con velo, que avisa con dedos rojos de alheña y parpadea. Una gacela cuyo pasto está entre las costillas y entre las entrañas; ¡oh maravilla!, ¡un jardín en medio de fuegos!

Y también es este mismo autor el que nos dice en su Tratado de la Unidad:

Si alguien pregunta: “Afirmas la existencia de Allah y niegas la existencia de todo (fuera de Él); ¿qué son, pues, esas cosas que vemos?”, la respuesta es: estas discusiones se dirigen a aquel que no ve nada fuera de Allah. En cuanto a aquel que ve algo fuera de Allah, no tenemos nada con él, ni pregunta ni respuesta, pues no ve más que lo que ve; mientras que el que conoce su “proprium” no ve nada más que Allah (en todo lo que ve). El que no conoce su “proprium” no ve a Allah pues todo recipiente no deja filtrar más que lo que contiene.

Es cierto que nadie puede hacerse sufí sólo con libros. Como en cualquier sendero espiritual (y en este caso más, si cabe) hace falta la guía de un maestro; si bien los maestros sufíes abren camino pero dejan que sus discípulos los continúen por su cuenta. Cuenta Walad, el hijo de Rumi, que su padre, tras conocer a Sahms (el que sería su Maestro), danzó todo el día y cantó toda la noche. Había sido un erudito y se convirtió en un poeta y se embriagó de amor. Había encontrado por fin al Amado, se le había mostrado por fin la gloria de su propia alma.

No obstante, sí que cualquier ser humano puede aprender mucho de la vasta producción literaria sufí, que se extiende a lo largo de muchos pueblos y épocas, y es a la vez actual siempre porque sus temas, desde los comienzos, son universales y atemporales. Por eso al leerlos siglos después, recobran su valor de actualidad, se convierten en creaciones nuevas adaptadas a las distintas culturas y tiempos a que se dirigen y ofrecen siempre una visión fresca de la realidad espiritual. Desde su fuente original, el Corán, hasta el más actual de los poetas sufíes que pueda haber en estos tiempos, cada verso, cada palabra está en la búsqueda de la Inocencia Primigenia, en la indagación de la Transparencia Suprema que pueda llevar con la energía del Amor hasta la disolución en la Luz de la Totalidad, la Unión con el Amado.

Y puesto que el Corán es la fuente primera de todo sufismo (y tiene también varios niveles de lectura; algunos estudiosos hablan hasta de nueve, aunque a un sufí le basta con la exterior –a la luz de la razón- y con la interior, del Corazón), quiero cerrar este artículo con dos de las aleyas pertenecientes a la Sura de la Luz, una de las más queridas por los sufíes, y que es también un hermoso poema:

Allah es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara; la lámpara está dentro de un vidrio y el vidrio es como un astro radiante. Se enciende gracias a un árbol bendito, un olivo que no es ni oriental ni occidental, cuyo vértice casi alumbra sin que lo toque el fuego. Luz sobre luz. Allah guía hacia su Luz a quien quiere. Allah llama la atención de los hombres con ejemplos y Allah conoce todas las cosas. De Allah es la soberanía de los cielos y la tierra, hacia Él hay que volver.


* Emilio BALLESTEROS, poeta y ensayista granadino, dirige la revista Alhucema. 
Es Miembro Corresponsal de la Asociación Prometeo de Poesía.